21 de abril de 2018

ANSALDO Y SU TRAVESIA DEL MEDITERRÁNEO EN GLOBO


-Por Pep Llodrá-

Desde que los hermanos Montgolfier inventaron el globo aerostático, muchos han sido los aventureros que han intentado grandes gestas e intentos de batir records a bordo de estos artilugios voladores.

Una de los grandes retos que se empezaron a plantear algunos temerarios, fue la travesía del Atlántico en globo.

Y como era de esperar, algún español tenía que apuntarse al intento. El personaje del que hablamos era el veterano piloto de aviación José María Ansaldo Vejarano, el cual diseño un globo especialmente preparado para tan larga travesía.


Ansaldo, en el centro de la imagen
Pero, antes de acometer tan largo viaje había que probar la fiabilidad del invento y que mejor campo de pruebas que una travesía por el Mediterráneo, cruzándolo desde Palma de Mallorca hasta Valencia.

Mas de mil personas, no quisieron perderse el acontecimiento.
La fecha prevista fue el 25 de agosto de 1959. Como zona de despegue eligió la playa del Arenal, junto a Las Maravillas. Mas de mil personas se reunieron en el lugar, mientras el globo de 7,70 metros de diámetro era desplegado e hinchado con hidrogeno. Como equipo llevaba una emisora de radio de onda media y otra de alta frecuencia, un bote salvavidas, un altímetro y una brújula. En la barquilla, también llevaba leche condensada, mermelada, conservas, fiambres, galletas y doce litros de agua.

Un momento del montaje del Aerostato
El despegue fue a las 8 y 14 minutos de la tarde, sin ningún contratiempo destacable.

Dejándose llevar por la leve brisa de la noche fue avanzando lentamente en dirección a la península. Cuando empezaba a romper el día, había conseguidó llegar a la altura de la Dragonera. Después de un cambio de de la dirección del aire, fue dando tumbos hacia el sur sobre el área marítima mallorquina, hasta llegar a la altura del Cap Blanc, donde la brisa le volvió a llevar hacia el arenal, donde decidió amarar después de dieciséis horas de vuelo, para ser rescatado por la lancha “Pollensa” perteneciente a la zona de Baleares a bordo de la cual viaja su hermano, Don Ignacio Ansaldo, jefe del Estado Mayor de la zona.



Ansaldo dirigiendose a la barquilla
Desde la zona de amaraje fue dirigido, sano y salvo,  al Club Náutico a donde llego alrededor de la una y cuarto de la tarde.


El globo a punto para el despegue.
El piloto declaro mostrarse muy satisfecho de la experiencia, ya que pudo comprobar el funcionamiento de todos los dispositivos por el inventado –que deben permanecer secretos- y que le permitirán acometer la travesía del Atlántico en globo libre. Lo de menos era llegar a la costa peninsular.

Al año siguiente, el 3 de abril de 1960, se dirigió a la isla de Gran Canaria, concretamente a la playa de Las Meloneras, desde donde iniciar la esperada travesía del Atlántico en globo.

Ultimos retoque al globo "CANARIAS"
Después de toda una noche de inflado del globo, bautizado “Canarias”, con más de mil metros cúbicos de hidrogeno y con todo listo para el despegue, alguien se percato de que en la parte alta del aerostato se notaba una abertura por desgarro de la lona y, por la que, poco a poco se inició el escape lento del hidrógeno que el piloto había ido almacenando desde hacía tres meses. La desilusión fue tremenda y Ansaldo, desolado por el fracaso de su aventura de navegar en globo cruzando el Atlántico hasta tierras americanas, ordenó la suspensión de aquel ilusionado intento.

Ansaldo, comprobando el aparato
La explicación oficiosa sobre lo ocurrido que circuló en la misma playa fue que al pasar cerca del helicóptero produjo una gran corriente de aire que desplazó a un lado el toldo que lo cubría para evitar el calentamiento del gas, por lo que recibió durante algún tiempo los fuertes rayos solares en pleno mediodía que originaron el ablandamiento del pegue de una de las uniones por cuyo orificio se fue escapando el gas, desinflándose lentamente.

El helicoptero causante del desgarro de la lona
La desolación se fue contagiando en aquel campamento de Meloneras al punto de que al anochecer: protagonistas, colaboradores y curiosos ya lo habían abandonado. José María Ansaldo regresó a la Isla en agosto de aquel mismo año para llevarse a Madrid la esfera voladora con la que intentó vanamente escribir una nueva página de su historia como piloto.

Fuentes:
Diario ABC
http://pedrojosefrancolopez.blogspot.com.es
Fotografías de Juan Ignacio Vidal Pou y http://www.efedata.com

20 de abril de 2018

EL CARRUSEL DE MALLORCA

-Por Pep Llodrá-

Allá por el año 1972, en los humedales que quedaron después de terminada la actividad de la salinas de Ses Fontanelles, se instalo un parque de atracciones, llamado “Carrusel de Mallorca”.
Poco después de su inauguración, la revista Cort, publico el siguiente articulo, junto a unas cuantas fotografías, que también os mostramos;

 
“JUNTO A LA PLAYA DE PALMA....
CARRUSEL DE MALLORCA

 Un parque de atracciones que cumplirá su función.
45.000 metros de terreno han sido invertidos... en zona de esparcimiento. ¡Albricias! Por una sola vez y sin que sirva de precedente —tal como cantan los documentos graves y protocolarios— una gran parcela de terreno que un día era pantano y mosquitos, ha sido destinada a fines absolutamente expansivos. No es frecuente en nuestras latitudes que ocurran estas cosas. Y partiendo de esta base, debemos felicitar a los propietarios de “Carrusel de Mallorca” por su iniciativa, muy especialmente a ese joven inquieto e ilusionado que se llama Jaime Rigo y que ha sido el alma del complejo ferial de la Playa de Palma. Porque Jaime Rigo ha vivido días, horas, noches enteras por y para el “Carrusel de Mallorca”. Ha mostrado su fe y su convicción de que en aquella zona de Palma hacía falta algo para que tanto los mallorquines como los turistas pudiesen pasar unos ratos agradables en familia. Y esa convicción ha culminado en esta esplendorosa realidad que hoy podemos mostrar a propios y extraños.

El Girasol
La inauguración fue, como se sabe, esta pasada quincena. Había estado prevista para abril, pero el tiempo, que este año no es muy propicio, interrumpió los propósitos.

“Carrusel de Mallorca" es una empresa, en sociedad, constituida por parte española y parte inglesa. El hombre importante por la parte inglesa que conocemos se llama Mr. James Lord Corrigan. La dirección puede decirse que está en manos del mencionado señor Rigo y de un joven inglés casado con una catalana, apellidado Wayne.

El Ocho gigante
Pero estos datos son lo de menos. Lo importante es que la instalación ha surgido con un alto nivel de
posibilidades aunque le veamos ciertas limitaciones entre los meses de noviembre-abril debido a los vientos fríos que corren por aquel sector playero.

Tobogan de seis pistas
Cuenta “Carrusel de Mallorca" con 17 máquinas automáticas para diversión del público, 80 tiendas, 16 quioscos dedicados a la venta de tíquets y una zona de aparcamiento de 11.000 metros cuadrados de terreno perfectamente marcado para entrar y salir con toda comodidad del recinto.
El Tren infantil

Esta instalación nos proporciona, a Mallorca y los mallorquines, un nuevo aíre de cosmopolitismo por cuanto podemos ofrecer algo que estaba hasta ahora en las grandes ciudades europeas. Un parque de atracciones permanentes con una capacidad de público difícilmente calculable porque precisamente hace unos días estuvimos contemplando el aparcamiento casi lleno y sin embargo el recinto ferial ofrecía media entrada o poco más.

Otro Tobogan
Otro detalle que hace tolerable el sonar de la música en esta feria, es el hecho de haber dotado, para todas las atracciones, de un mismo equipo musical que surge de una cinta magnética del despacho de Dirección y se reparte por todo el recinto de un modo ambiental, sin estridencias.”

Fotografías de José Mª Salamanca

19 de abril de 2018

Port de Pollença, "Eu Moll"


Mar i cel Hotel

     El Imperio Británico, tiene y a tenido infinidad de colonias y protectorados en todos los continentes y en Mallorca tenemos dos, que yo sepa, uno es el más conocido internacionalmente que es Magalluf, que por cierto hace años que no voy, una locura y el otro que voy a hablar es la colonia británica del port de Pollença.

      De ser un minusculo muelle de pescadores a finales del siglo XIX, el Port de Pollença se convirtió en pocos decenios en el pilar de la economía local, gracias al desarrollo turístico.


El "Eu Moll" en los años '20


      El Puerto de Pollença, conocido por los pollensines como 'Eu moll' (el muelle), es un claro ejemplo de cómo el turismo puede cambiar completamente la economía y el aspecto de un lugar en sólo algunas décadas. Así, a comienzos del siglo XX el 85% de la población vivía directamente de la agricultura, un sector que siguió siendo mayoritario hasta los años 60, en que cambiaron las tornas hasta llegar a la situación actual, en la que el turismo mueve cerca del 70% de la economía no sólo de Pollença sino de toda Mallorca.

A lo largo de toda la historia, la costa de Pollença contaba con escasos habitantes. Además de la baja actividad pesquera, que no experimentaría un cierto crecimiento hasta el siglo XIX ya que tradicionalmente se consumía poco pescado y en su mayoría en salazón, vivir en la costa exponía a ser los primeros en recibir los numerosos ataques piratas que esta zona vivió durante siglos.


Port de Pollença "Eu Moll" en los años '30

El bajo número de embarcaciones que había en la zona fue la razón por la que el primer muelle no quedó construido hasta 1829 y la primera noticia de habitantes en el mismo data de 1860, cuando sólo vivían en ella diez personas. Habría que esperar a 1865 para que el Gobierno concediera la habilitación del Puerto de Pollença como aduana de cuarta clase, lo que permitía exportar e importar mercancías en régimen de cabotaje. Este hecho provocó un cierto crecimiento demográfico en la zona, llegando a un centenar de habitantes en el año 1900.


Eu Moll con sus barcas en la arena 1920

Además, con el nuevo siglo, el Puerto de Pollença se convirtió primero en lugar de veraneo para las clases pudientes de la isla y poco después en un núcleo pionero del turismo internacional durante la I Guerra Mundial. Buena parte de esos primeros turistas extranjeros lo constituían los numerosos artistas que vinieron a Pollença atraídos por su luz y sus paisajes, y que primeramente se alojaban en fondas y pensiones, para pasar a ocupar después los primeros hoteles que se construyeron en la zona. Así, en los años 30 había ya siete hoteles que se habían construido con este fin. Esto motivó también una rápida modernización de Pollença, tanto la villa como el puerto, en los que el agua corriente llegó a las casas en 1934 unos meses antes que en Palma.


Eu Moll años 20, al fondo parece un mercado

Durante la Guerra Civil española (1936-39) la actividad turística mantuvo un cierto empuje, ya que a pesar del peligro bélico, la base de hidroaviones que hay en el Puerto de Pollença mantuvo en la zona a oficiales españoles, alemanes e italianos que se alojaban en los hoteles y tenían unas demandas agrícolas e industriales, a la vez que se realizaron inversiones públicas, sobre todo en la base de hidroaviones. Los turistas principalmente británicos que venían a esta zona fueron así sustituidos por los oficiales militares y todo el personal necesario para la actividad bélica.


Eu Moll se va haciendo grande

Pero tras el final de la Guerra Civil comenzó un periodo en el que la España de Franco apostó por la autarquía, lo que, sumado al estallido de la II Guerra Mundial (1939-45), paralizó la actividad turística en la zona, que no volvería a retomarse hasta los años 50, en los que regresaron los turistas y se retomaron las inversiones en el sector.


Años '50 Eu Moll se hace grande y el turismo mueve más dinero que la agricultura.

La época de mayor expansión urbana del Puerto de Pollença se registró en los años 60, en los que el incremento en la llegada de turistas se sumó al aumento demográfico, provocando un fuerte aumento en todas las industrias relacionadas con la construcción, especialmente de infraestructuras turísticas, así como en la actividad comercial.

De entonces hasta ahora el crecimiento del turismo ha crecido de forma imparable, haciendo de Pollença un lugar con un especial atractivo para todas las personas que visitan Mallorca.

Publicado por Sebas Bauzá.

MALLORCA VISTA POR CAMILO JOSÉ CELA

Por Malleus.

Que Cela es el escritor que mejor dominaba el lenguaje es una opinión personal mía. Siempre la he defendido, incluso frente a los que ese honor se lo atribuyen a Miguel Delibes. Don Camilo José era gallego, pero encontró en Mallorca un lugar ideal para desarrollar parte de su carrera. Tenía su casa en la Bonanova, muy cerca de la casa de los Pons, cuyo padre fue de los componentes de aquel "Contubernio de Munich" que tanto encocoró a Franco y uno de cuyos hijos, Félix, llegó a Presidente del Congreso de los Diputados. Seguidamente transcribo un artículo magistral del escritor en el que describe a Mallorca y a los mallorquines.

MALLORCA

     Mallorca, isla viva, es algo que ha de verse en los puros cueros del alma, y no debemos conformarnos con nombrarla por fuera, sino que debemos ensayar el bucearla en su mas recóndito ser.
     Los nórdicos solemos tener una especia de idolatría a ultranza por el Mediterráneo. Los mediterráneos, por el contrario --obsérvese que no hablo de los mallorquines, sino de los mediterráneos, en general-- suelen demostrar una rara y poco fácil de entender despreocupación por su propio mar, por su propio mundo.
     Es posible que esa idolatría nórdica por el Mediterráneo, más fuera originada por su color que por
su cultura. Ahora bien: este color del Mediterráneo, que tanto nos llama la atención, ¿no es, en cierto modo, un color culto? Pienso que sí. El Mediterráneo es claro porque su color está puesto al servicio de su cultura. Los verdes y los azules de sus aguas, y los oros y los sienas de sus tierras, son unos verdes y unos azules y unos oros y unos sienas cultos no solo porque están expuestos a una luz meridiana, sino también porque están henchidos de tradición, porque han sido fijados hace ya muchos siglos.
     El Mediterráneo es el mar originario porque es el mar que se asienta, con más solidas raíces, en la tradición. Para Eugenio d'Ors --respetado maestro-- todo lo que no es tradición, es plagio. El Mediterráneo es el mar que no tuvo mar al que poder plagiar, espejo en el que poder mirarse. El Mediterráneo es el mar prístino: el mar de los colores nobles --nobles por cultos, más que por colores-- y elementales, el mar de la claridad, el mar de la luz violenta y desnudadora.
     Y Mallorca, que es mediterránea, es clara hasta el dolor, luminosa hasta la ofensa, diáfana hasta la amargura. En Mallorca no asoma, como aflora en Sicilia, por ejemplo, o en las islas del mar Egeo, el fantasma atemorizador del pathos del mediodía, esa decoración que devora a las almas para devolverlas violentamente marcadas. Porque Mallorca tuvo la fortuna de ser incorporada al mundo cristiano por soldados catalanes y aragoneses, cerdañeses y provenzales, por gentes del Priorato y de las Cinco Villas, del Ampurdán y del pla tortosino, del Ebro y del Pirineo: por los hombres que desembarcaron en sus costas no en busca del oro, sino de la paz, esa paz que, en ocasiones, tiene tan duro precio; por gentes que llegaron para una caballeresca descubierta y cimentaron sus tiendas de campaña hasta convertirlas en sus nuevos hogares. Mallorca es isla que, por encima de todas las apariencias, no se asemeja sino muy externamente a ninguna otra isla mediterránea. De ahí su encanto y su primera originalidad.
     El individualismo mallorquín, ese individualismo español llevado hasta sus Últimas y más lejanas consecuencias, en poco se asemeja a las actitudes humanas y vitales de los mundos que rodean a su geografía. El individualismo del isleño es, en cierto sentido, gloriosa y orgullosamente anarquista. Ramón Llull y fray Junípero Serra son claros arquetipos de la pujanza del individuo mallorquín que, a solas --y como flecha lanzada por el tenso arco de su propio ánimo sobre la más remota diana--, es capaz de conquistar el mundo. 
     El mallorquín, quizá por individualista, tiene un claro sentido de la universalidad. El mallorquín ve la universalidad desde dos ángulos contrapuestos y extremos. La mesura que Séneca pedía hasta en el sufrimiento no es pez que navegue, al menos placenteramente, por nuestro mar. Estos dos entendimientos, tan dispares, de la universalidad, han creado dos tipos humanos tan curiosos como aleccionadores: el de los mallorquines que aspiran a no moverse jamás de Mallorca, pase lo que pasare en el mundo, y el de los mallorquines a quienes viene estrecho el mundo para sus afanes, sus proyectos y sus ambiciones. Los primeros son los que se sientan --diríase que previamente impermeabilizados a todo-- a ver pasar el variopinto cortejo extramallorquin que las agencias de turismo vuelcan con prodigalidad sobre la isla. Los segundos son los que llevan una intuitiva brújula en la cabeza y una inquieta aguja de marear en el corazón, los que necesitan acopiar paisajes y humanidades y oro y emociones: son los que saben --o adivinan, que tanto monta-- que el planeta Tierra es un pequeño corpúsculo del universo.
     Mallorca es tierra compleja, isla muy complicada y nada fácil, por cierto, de entender. Nada que sea hermoso es fácil de entender. A la violenta luz mallorquina, a la esplendorosa claridad del cielo, los problemas se enroscan, unos sobre otros, en maraña tan poco agradecida de caminar como el laberinto de Creta. De ahí que el viajero se sorprenda de lo que ya no se sorprende el hombre sedentario. De ahí también que el acostumbrado a los más velados y difíciles valores entendidos, se pierda en el directo navegar de otras mentes que, en nuestro ámbito, no buscan ni desean ninguna otra cosa que estar; no más --ni menos tampoco-- que estar por estar, que estar como la piedra del camino.
     Pero Mallorca es, también, muy sencillo estrato, muy elemental en sus más recónditos contornos, y absolutamente fácil, por cierto, de adivinar. Nada que sea hermoso es fácil de entender –dije--, ni
difícil de adivinar –añado--. A la brillante luz mallorquina, al rutilante claror del cielo de Mallorca, las maneras isleñas --corteses maneras de rendido mohín-- se dibujan, unas al lado de otras, en geometría tan grata de caminar como un campo de vetustos olivos maternos. De ahí que el viajero no se sorprenda de lo que ya --no de lo que aún-- sorprende al hombre sedentario: por ejemplo, el taumatúrgico e inagotable venero de la belleza. De ahí también que el mallorquín, hecho a las mas dignas y nobles y elementales formas de vida, se pierda en el farragoso revolar de otras mentes que, en nuestro paisaje, no aciertan a convertirse en carne de nuestra propia tierra, en polvo de nuestro mismo corazón.
     Siempre me ha emocionado amorosamente --desde que me percaté de ello, al poco tiempo de arribar a estas costas-- el no riguroso concepto y el sí exigente sentido, que los mallorquines tienen de la isla de Mallorca. Los mallorquines, en general y según pienso, ven a Mallorca como un providencial dique de bendiciones que les permite vivir, sin demasiados afanes ni inquietudes y dando largas toreras a la vida con el airoso y gentil capote de dos caras del clima y del paisaje.
     Pero Mallorca es más, mucho más, que su clima y su paisaje, aun juntos, porque en Mallorca viven --la vida de los pueblos es una sucesión de circunstancias, una cadena sin fin de coyunturas-- muchas Mallorcas: la Mallorca turística, pletórica, lozana, boyante, ordeñadora de la ubre pródiga de las vacas gordas; la Mallorca patriarcal, que se repliega sobre sí misma en busca de sus últimos cuarteles históricos; la Mallorca industrial y la artesana, en un mundo que nunca –quizá por artista-- les sonrió con una excesiva preocupación; la Mallorca agrícola ¡ay, los cuidados campos de Sa Pobla, con sus norias ancianas y sus nobles herramientas!-- con ilusionadora presencia en los firmes brazos que la sirven; la Mallorca que tiende sus redes por el mar de la sabiduría y de la tradición, la perseguidora del llobarro y del dentol, del pop trobiguera y la llagosta, del rafel y del pagell d'escata blava (entre mis papeles guardo, como oro en paño, más de mil nombres de la mar mallorquina), la Mallorca pescadora, que se afana en un mar en el que se señalan con más facilidad los bancos de ánforas milenarias que los bancos de peces vivos, lucidores y plateados.

CAMILO JOSÉ CELA

17 de abril de 2018

Josefina Oliver 2ª parte vida y obra



Josefina Oliver y su hermana Catalina, copia iluminada en San Vicente provincia de Buenos Aires


Tengo que dar las gracias a Patricia Viaña como curadora(encargada del archivo de Josefina) Carla Vizan y a Florencia por el trabajo que han realizado para dar a conocer al mundo el archivo de Josefina y desde "acá" ,como se dice en Argentina, animarlas a seguir en su trabajo. Y ahora sí, seguimos con la segunda parte que me ha escrito Patricia, no se lo pierdan, en la tercera parte será todo sobre Mallorca. 
Primer tomo de sus memorias de Josefina Oliver
A partir de 1897 Josefina Oliver aprende varias técnicas de fotografía con su padre, amigas y vecinos y las detalla en su Diario, al igual que los comercios donde se provee de materiales para este trabajo o donde le reparan su máquina de fotos.
Desde 1898 se dedica a tomar fotos e iluminar (colorear) sus copias, aunque sin conciencia del trabajo de avanzada que realiza con esto último. Sus amistades valoran estas intervenciones llenas de vida y tan personales yendo a su casa a retratarse o encargándole registrar sus eventos familiares.
Habilita su cuarto como estudio para realizar las fotos, muchas con empleo del espejo. Y fotografía en sus salidas las reuniones en casas de amigos, los paseos en grupo o en el campito que tiene su padre a 60 kms de Buenos Aires.
Al  mismo tiempo Josefina se fotografía generando una serie de cien autorretratos: indagación del yo en una época donde la mujer es figura decorativa, carente de norte propio, de preguntas sobre sí misma.
Además de revelar, ilumina (colorea) sus copias, de ¡9 x 12 cm!, con colores a la albúmina, usando tonos fuertes, inusuales para una época signada por el blanco y negro o el sepia.
Autorretrato con espejo
El 12 de diciembre del año 1907 se casa con su primo hermano Pepe Salas Oliver quien siempre ha sido un apoyo en sus intereses. Al tiempo Josefina hace unas fotos en donde ella y Pepe aparecen travestidos. Es el último día de carnaval, pero esa idea de disfrazarse “con trajes trocados” la repite otras veces con sus sobrinos, y más adelante con sus hijos.
Con su marido y con su padre, ambos mallorquines, proyectan el regreso a Mallorca, ideando esa vuelta a los orígenes. Pedro Oliver Colomar y Pepe Salas, llevan 40 y 16 años de ausencia de su isla amada y desean vivir en ella.
En el verano de 1910 y ante la próxima partida, Josefina toma muchas fotos como recuerdo de su Buenos Aires querido, y de Santa Ana, el campito que disfruta tanto.
En mayo, luego de un embarazo normal, pierde un varón en el parto. Queda débil y desconsolada, pero a pesar de la tristeza, mantienen los tres la idea del viaje a España. Embarcan en julio en el vapor Savoia hacia Palma de Mallorca.
A poco de llegar se instalan por un tiempo en Plaza de San Francisco nº 1 bis 2º, para luego ya mudarse a la casa de la calle Beata Catalina nº 5, a partir de mayo de 1912.
También en ese año Pedro Oliver compra una casa en Son Rapiña, Son Quint nº 4 – 12, donde van los fines de semana y en el verano.

Josefina Oliver y amigas copia iluminada

En los años 1911 y 1912 nacen sus dos hijas, Isabel y Juanita. Josefina y Pepe llevan una vida social activa dentro de la burguesía media mallorquina. Paseos de todo tipo por la isla, comidas, fiestas religiosas, baños estivales, reunión de familias…
Luego de meses de salud muy delicada, probablemente por diabetes, muere Pedro Oliver, su padre de 63 años, en noviembre de 1913. Un mazazo para Josefina y su hermana Catalina quienes lo veneran, agradecidas al cuidado amoroso que les prodigara en la infancia y adolescencia en reemplazo de la madre, aquejada con problemas mentales.
Josefina y Catalina porteñas al fin, deciden regresar junto a sus maridos, Pepe Salas y Genaro García, hacia Argentina en febrero de 1914.
El matrimonio Salas Oliver se instala en Adrogué, ciudad del
conurbano bonaerense, en una casa rodeada de jardin, con huerta, en la que en abril de 1915 tienen a su hijo Pedro.


Año 1880, Catalina Oliver
Año 1880, Josefina Oliver
Allí asisten sus dos hijitas a colegio de monjas, yendo ellos casi todos los días a la capital, a los negocios, teatros y cines, médicos, y a casa de Catalina y Genaro con quienes se reúnen, que a la vez  tienen cinco hijos dos mujeres y tres varones, los cinco muy apegados a Josefina y Pepe.
Hacia septiembre de 1921, Josefina sufre un desprendimiento de retina del ojo izquierdo, con el riesgo de quedar ciega por una turbiedad del derecho.
Abajo del consultorio del oculista hay una imprenta, y Josefina decide encuadernar, en un tomo, los siete primeros cuadernos de su Diario personal, que nombra ‘Apuntes 1’. Vital y creativa, supera el dolor de forma ejemplar.



Año 1886, Josefina y Catalina con su hermanastra
Mercedes Llober.
Año 1889 Josefina con 14 años cuando
tiene que dejar la escuela.
En mayo de 1922 Josefina y Pepe con sus hijos, toman el barco a Europa para vivir definitivamente en Mallorca. Allí se instalan en Palma, retomando la casa en el centro, en la calle Beata Catalina nº 5, ‘casa de 400 años de antigüedad’.
Viven la, para ellos, nada agitada vida de ‘la isla de la calma’, rodeados de parientes y amigos, yendo a incontables fiestas populares, y circuitos turísticos de maravilla. Las fotos en estos años escasean; la vida hogareña, la lejanía con Buenos Aires, ciudad que estimula su creatividad, y la pérdida del ojo izquierdo, desalientan a Josefina. Pero en junio de 1925, comenta:
“Esta mañana vino un entendido en máquinas fotográficas y encargamos un cajón tipo Raffles para ponerle el objetivo Goezts de mi máquina vieja. Pepe estos días está muy atareado instalando en un cuarto de arriba un laboratorio para fotografía.”
Así Pepe comienza a tomar fotografías a sus hijos y, además de copiarlas, amplía muchas de las placas de vidrio de Josefina de principio de siglo. Ella ilumina (colorea) todo ese material, muy importante luego en los últimos cuadernos que escribe a lo largo de los diez años finales de su vida.


Josefina y su familia siempre han disfrutado de buen humor que lo refleja en muchas fotos
Chacra( granja, cortijo, posesión) Santa Ana en San Vicente 1896, copia iluminada( coloreada)

Su hija mayor Isabel, se compromete con Manuel Balaguer, médico, con quien se casa en 1934.
A fin de ese año viajan Pepe, Josefina y Juanita, su otra hija, a Buenos Aires. En septiembre de 1935 nace su primer nieto, Manuel Balaguer Salas.
Regresan a Mallorca en mayo de 1936, y en julio comienza la Guerra Civil en España. Luego de meses de ver el horror en progreso, Pepe y Josefina deciden volver hacia Argentina con Pedro, su hijo argentino, para evitar su enrolamiento en el ejército español. Toman el vapor Augustus en enero de 1937. Josefina y Pepe ya no van a regresar a España.


Chacra Santa Ana copia iluminada

En noviembre, en Mallorca y en plena guerra, Juanita su hija se casa con Pepe Vich.
Al mes Isabel, su otra hija, tiene una niña, Isabel Balaguer Salas.
En abril de 1939 termina la guerra civil.
A fin de año nace su nieto Pedrito Vich Salas.
En marzo de 1940, con cuatro meses, Pedrito Vich muere repentinamente en su cuna. Acto seguido su madre, Juanita, se suicida.
Josefina y Pepe, en Argentina, quedan arrasados con la tragedia. Ella solo puede llorar, y deja de escribir en su Diario. Sin embargo aún la espera más sufrimiento. A Pepe una gripe se le complica con un problema cardíaco y fallece el 13 de agosto.


Chacra Santa Ano año 1897, copia iluminada y como siempre un pequeño toque de humor

Ese fin de mes llega de España su hija Isabel, embarazada y con sus dos hijitos. Josefina alquila un departamento en donde viven juntas. En noviembre nace su nieta Pepita Balaguer Salas, su alegría en esos años. Manuel Balaguer, el padre, recién puede venir desde Mallorca un año y medio después.
Época de abatimiento profundo en que cierra el apunte de cada día con las iniciales enlazadas de sus dos amados, seguidas por dos cruces. PJ++
Pero, a partir de agosto de 1943, Josefina emerge de su desolación con un giro vital.
Retoma sus obra escrita completa y la entrecruza, incorporando a los textos del Diario sus collages y sus fotografías iluminadas. Luego da a encuadernar esa edición, y le entregan en once meses, diez tomos que van desde 1899 a 1937.


Año 1900 las hermanas Oliver con Juan Ripoll, copia pintada, experimentos de Josefina.

La conexión con sus trabajos de 45 años atrás, la lleva a consolidar las dos formas elegidas de expresión, logrando integrar escritos y plástica, a la vez que agrega un espacio de memoria y homenaje a sus seres queridos.
Consigue también preservar su obra completa para un público aún difuso pero intuido. Sin esta edición, es factible que sus múltiples registros se hubieran perdido.
En 1948 edita 4 o 5 libros de recortes, que llama ‘pegotes’. Están compuestos por ilustraciones, láminas y sueltos recolectados en libros y revistas, y emplea el collage en este trabajo.
El 3 de noviembre de 1955 muere su hermana Catalina, compañera y referente de toda su vida.
A principios de 1956, mientras escribe su diario tiene un derrame cerebral y, tres días después, muere Josefina Oliver, el 23 de enero.

Año 1901, las hermanas Oliver, con su toque de humor, disfrazadas de zagalas, copia iluminada.


Patricia Viaña nieta de Catalina Oliver, recuperó toda su obra monumental a partir de octubre del 2006, cuando la encontró por casualidad. Divide, para una mejor comprensión, las facetas creativas de Josefina Oliver.

La Escritora.-

En el siglo xix el Diario personal era considerado un género literario ‘menor’ y, por lo tanto,
permitido a las señoritas. Desde 1892, Josefina toma apuntes de su vida cotidiana, que después copia en cuadernos.
Aprende caligrafía con un tratado para presentarlo con esmero, y sigue a las revistas del momento -“Blanco y Negro”, “La Ilustación Artística”-, matizando, como ellas, sus escritos con juegos o recortes varios, y los ilustra con fotos propias o de profesionales.


Las hermanas Oliver y las hermanas Grau en la Chacra de Santa Ana.

Josefina Oliver acata los preceptos victorianos de orden y deber ser, guías de su vida y
escritura, y así registra el mundo externo, componiendo un gran friso, de buen tono. Todo está allí: comercios, vecindario, comidas, clubes; su amado Buenos Aires, con el cambio avasallante de fisonomía y el progreso; los paseos y espectáculos de teatro, de cine, conciertos, radio, que detalla con título, elenco y opinión.
Agrega de fondo, los principales hechos políticos del país y del mundo, durante los 64 años
en que escribe estos veinte tomos, que llama, orgullosa, “Mi Colección”. Pero Josefina vela su yo personal y aquellos temas de los que ‘no se habla’. Impresiona comprobar cómo calla y oculta la enfermedad y muerte de su madre en las 8.400 páginas del Diario y en sus cartas. Obedece un mandato social tácito.


Año 1897, Chacra Santa Ana, otro momento de risas, los árboles eran atacados por langostas, copia iluminada.
Sin embargo, su carácter apasionado fluye siempre en su correspondencia en un estilo coloquial, lleno de gracia y de giros temperamentales; sensato y con humor a la vez.
Al revisar la historia oral familiar, rastreé pequeños datos entre sus líneas que, junto a registros de la ciudad de Buenos Aires, evidenciaron la insanía de su madre.
Esta realidad marca a Josefina desde el nacimiento y, muestra en un punto, el atrás de su expresión plástica, marcada por el uso particular y decidido que despliega en la elección del color. Una contracara, un escape a la negrura y el silencio de años dolorosos.

+ La Fotógrafa.-

Desde bebé fotografían a Josefina en estudios profesionales; costumbre que seguirá de
jovencita con su familia y amigas, hasta aproximarse a la fotografía de aficionados, gracias a unos vecinos.
La fotografía, como entretenimiento social preferido, resultaba un espacio en donde la mujer
carecía de obstáculos para desenvolverse porque, claro, era un juego más, no visto como arte. Nadie hubiera imaginado a Josefina objeto de ponencias, muestra, libro, como está hoy.


Año 1901, Pepe Salas y Juan Coll en San Vicente, copia iluminada.

Es una aficionada autodidacta, que realiza su trabajo en forma hogareña, casi un crochet
o una costura más. Saca las fotos, las revela, copia y elige muchas para iluminar ella misma, con pinturas a la albúmina. Comparte esta distracción dentro de su círculo de amigas de burguesía, entre quienes realizan divertimentos -fotos en géneros, en estampillas-, y se benefician con el préstamo de cámaras y enseñanzas ocasionales de amigos.
Josefina Oliver, por su parte suma a esto el registro de su tarea fotográfica en el Diario personal,
siendo tal vez la única fotógrafa argentina de entonces en tener una reseña así.


Año 1899 patio Fila Devesa copia iluminada, como veis sigue experimentando con los colores.
“[…] Fuimos a lo de Lepage a comprar placas en coche y después a casa Grau. Allí me saqué de manola con Amelia y de perfil y peinado bajo. Luego nos encerramos en la cámara oscura y cerca de dos horas estuvimos trabajando Amelia, Fissas y yo en revelar 18 placas […].” Diario 2, p. 073.
Desde 1899 Josefina deja de retratarse con profesionales, porque empieza a tomar sus
propias fotos y con ellas genera, a lo largo de diez años, una serie de 100 autorretratos, en donde
explora ‘más caras’ de sí misma. Incorpora las copias en el Diario bajo el epígrafe: “Yo”, elección inusual en una época, en donde la mujer - al no ser destinataria de preguntas - poco o nada dedica al autoanálisis.

Cincuenta años más tarde, titula “Yo (Algunos Recuerdos)” a su Autobiografía de 1948, marcando la analogía temática entre su escritura y su fotografía, estructuradas ambas en la indagación de la propia persona y en su condición de mujer. ¿Quién soy?, ¿qué otra, y hasta qué otro, pude haber sido? se interroga, pero siempre por medio de sus fotos.


Año 1901, las hermanas Oliver en un comedor, copia iluminada y como veis lo difícil que era este arte de pintado.

Su especialidad es el retrato: a parientes, empleados, amigos, que van a su casa o la llaman a las
suyas para ser fotografiados por ella. Es probable que haya recurrido para estas tomas al libro “La Fotografía Moderna” de Francisco Pociello, que figura en su biblioteca en el año 1900.
Arma algunas escenografías para fotos, buscando borrar el límite entre lo figurado y lo real.

+ La Plástica.-

Hasta principios del s xx las imágenes eran en blanco y negro o sepia. Sin embargo, Josefina
Oliver ilumina mil trescientas fotos propias con pinturas a la albúmina, compradas en la droguería del Águila en Rosario, Pcia de Santa Fe, o en lo de Stein en Buenos Aires.


Copia coloreada, Josefina y unas amigas visitan a una enferma, otra experiencia con los colores, siempre fue una adelantada  en fotografía.

Pictorialista en el pequeño formato de 9x12, colorea en un estilo tradicional o, también,
transforma las fotos en cuadros neoimpresionistas, de pinceladas ligeras o puntillistas. Hoy impactan por la saturación de los colores, y entonces sus amistades las deseaban, como cuenta a Catalina, su hermana:
“[…] Llevé los dos retratos de Porota, y estuvieron una hora alabándolos, pidiéndome luego por favor, que le sacase un retrato á la nena de Cecilia, y que se lo pintara igual que los de la Porota […]” Postal 026b, mayo 1906.
El historiador fotográfico Abel Alexander afirma: “Josefina quiere ser su propia protagonista en el cuarto oscuro; y revela, copia y cuando la técnica le dice: ‘hasta aquí usted llega’, ella traspone ese límite iluminando: una adelantada a su época, que rompe esquemas.”
Con sus fotos iluminadas Josefina crea postales, que adhiere a soportes, en donde redacta los textos. Son centenas de obritas de gran calidad, para su gente y destinatarios de otros países.

+ La Editora.-

Josefina edita entre 1902 y 1910 sus álbumes de fotos, y recién en 1922 realiza la edición del
primer tomo de su Diario, tarea que interrumpe al irse a vivir a Mallorca hasta 1937, cuando regresa a Buenos Aires, sin retomar este trabajo editorial.


Seguimos con el buen humor, esta en el año 1901 en la Chacra Santa Ana, copia iluminada.
En 1940, su hija Juana se suicida, luego de la muerte súbita del hijito. Josefina queda arrasada.
Cinco meses después, muere Pepe, su marido y compañero.
No obstante, tres años más tarde, resurge de esta tragedia afirmada en su obra, a la que recupera
decidida en una edición, en la que integra tanto la parte escrita como la plástica.
Abel Alexander la considera “una exclusiva edición con un ejemplar único.”
En un año, envía a encuadernar diez tomos en donde expone, como en una galería, sus fotos iluminadas y collages de 35 años antes. Para 1952 termina 16 tomos; pero, no pudiendo continuar por su edad avanzada, deja cuatro volúmenes editados con indicaciones precisas para su encuadernación.

+ Conclusiones.-

Como mujer Josefina tiene posibilidades nulas para satisfacer su necesidad interior de
expresión, de trascendencia; pero su talento radica en el hallazgo de una grieta para evadirse de su época, su medio, su género.
Tanto el Diario personal como la Fotografía de autorretratos en lugar de elecciones casuales son
causales. Ambas indagan y afirman el yo y, a la vez, fijan y recortan el tiempo y el espacio, confiriendo una coherencia particular a su obra.


Esto era lo que le gustaba a Josefina, adornar sus fotos, copia iluminada.

Esta actitud de transgresión existencial, proyecta a Josefina al futuro, ya que con su
iluminado (coloreado) de fotos en 1899, adelanta la fotografía en color que aparecerá recién en 1942, masificándose en 1963.
Josefina Oliver morirá en enero de 1956, a los 80 años, con una obra extraordinaria y sin imaginar la dimensión de su creatividad, ni sospechar las palabras de Alejandro Castellanos, Director del Centro de la Imagen de la Ciudad de México, para quien Josefina desarrolla “ un proyecto muy, muy valioso. Parecida a Frida Kahlo. Texto con edición de ambas cosas: fotos y escritos. Un corpus completísimo, un archivo muy importante para la Fotografía en Latinoamérica.”
Josefina Oliver así, abre un espacio de rescate de aficionados que, como ella, contruyeron
invisibles la intimidad de la Nación, en su vida cotidiana, pero codo a codo con los profesionales.
En los años que lleva esta investigación, es notable la adhesión instantánea que produce su
obra entre la gente joven que, no tan interesada en la consideración histórica, se maravilla por el espíritu y la actualidad de Josefina Oliver, autora a quien reconocen como a una par.

Patricia Viaña creadora del Archivo Josefina Oliver, ponencia en la 12ª Jornada Provincial Histórica y Fotográfica de Quilmes


Año 1897 copia iluminada en la Chacra Santa Ana, sus años más felices.

Otra foto en Chacra, copia iluminada y como veis todo sirve para tomar una foto y después colorearla.


Foto de las Hermanas Oliver con su perro guardián, copia iluminada


Año 1908 boda de Josefina Oliver
con Pepe Salas
Año 1902 boda de Catalina Oliver
con Genaro García





















Hermanas Oliver inseparables




















año 1902 en casa de su hermana Catalina en San Martín de las Escobas, Santa Fé, Josefina al Piano.

El piano una de sus diversiones, postal iluminada.

Otro Collage 22 de enero de 1907, copia iluminada.

Año 1907, copia iluminada, Josefina sentada y detrás grandes recuerdos.

Carnavales y travestismo, ella de hombre y Pepe de mujer con bigotes los dos,
 la pequeña es la sobrina

Hijas de Josefina, Isabel y Juanita, copia iluminada

Catalina Oliver y su hija, copia iluminada

Esta vez las bromas es con las armas, todo vale para una buena foto.

Todos los hermanos Salas Oliver y su mascota, copia iluminada en Adrogué, Argentina

Pepe Salas un Padre feliz con sus hijos, copia iluminada.

Pepe Salas jugando con sus hijos.

Pedro Salas Oliver regando las plantas en Adrogué, 1920, copia iluminada

Año 1921, dias de carnaval, todo eran risas y alegrias, copia iluminada
Año 1924, Pedro Salas Oliver dando de comer a las gallina, copia iluminada en Son Rapinya.

Desde que se suicidó su hija Juanita, nunca ponía su nombre, ponía ELLA.
Retratos de Josefina Oliver con los años que van pasando.
Más autorretratos.
Parte de los tomos que escribió Josefina Oliver, los cuales, estaban desperdigados por América del Sur y Europa. 

        Podía poner más fotos, pues Patricia Viaña tiene mas de 2000, he puesto las que yo he creído que eran las que tenían que estar, de todas maneras quiero agradecer a Patricia, Carla y Florencia que me hayan dejado poner todas estas fotos y adjuntarlas a su escrito. Como he dicho en la tercera entrega será todo de sus viajes y estancias en Mallorca.

Una cosa más, si queréis más información sobre Josefina Oliver, la tenéis en Facebook y en una pagina WEB

https://www.facebook.com/josefinaoliverfotografa/

http://www.josefinaoliver.com/index

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Publicado por Sebas Bauzá.


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