26 de enero de 2012

Crónicas de El Terreno - Nº 3


Una nueva entrega de los recuerdos de Tomeu Bibiloni, que con su memoria prodigiosa, disécciona cual cirujano los elementos de la fotografía expuesta.


Bon Vespre Llorenç

Te adjunto una fotografía que data de 1963, el encuadre es muy malo, es obra mía y creo que fue la primera vez que tuve en mis manos una cámara Yashica Mat de dos objetivos tipo Rolleiflex. La cámara me la prestaron,  pero se olvidaron de darme algunos consejos sobre composición fotográfica.

Vamos analizar el contenido:

Los pinos hoy han desaparecido, las farolas han cambiado.
A la derecha, vemos la terraza del restaurante Bellver con el camarero vestido de punta en blanco. Se llamaba Pedro y nos "xifonaba" cuando por las tarde/noches nos metiamos corriendo por entre las mesas de los clientes.
Las jardineras son de baldosas con estampas típicas.
El balcón era la vivienda de los dueños del Bar Bellver. Al fondo, se ve un toldo que corresponde al antiguo colmado de Ca Na Pereta. En los años cincuenta también era lechería, concesionaria de la marca Lactel.

Cuando era niño iba a comprar un litro de leche a granel. Tenían un artilugio que bombeaba a mano la leche desde un recipiente grande hasta una vasija que dosificaba exactamente la cantidad que el cliente solicitaba.
El recipiente de la base era de aluminio brillante, redondo, con una tapa que permitia ver el contenido a través de una ventanita de cristal. A un lado de la vasija, una palanca con una gran asa hacía funcionar la bomba de embolo que empujaba el líquido hasta el medidor, entraba a borbotones y al verlo se me hacía la boca agua.
De camino a casa  justo en este pasillo entre las mesas y el restaurante bebía unos sorbos de aquella leche tan fresca y tan sabrosa.
Con el tiempo, desmontaron la máquina y llegaron las botellas de cristal de Agama con  tapones de papel de aluminio de color verde o rojo.

Esta lechería o colmado se traspaso a una gente que vino de un pueblo. Eran mayores y tenían un hijo que se llamaba Miguel que tuvo la ocurrencia de vender dentro del mismo colmado, junto a los quesos y las patatas algo tan insólito como máscaras de buceo, escopetas para pesca submarina y patos para nadar. El hombre era aficionado a estos deportes y fue un pionero en vender la marca Nemrod que era mallorquina y fabricaba sus productos en El Molinar, por la zona del Portixol.

En el primer piso vivía Ramón Alcina, un emprendedor del mundo del taxi.

Asoma el morro de un Seat 1500, en este mismo lugar he visto a los taxistas con cubrepolvo y gorra cargar con cáscara de almendra las calderas "Gasógeno" que en los tiempos de posguerra sustituian a la gasolina que era escasa, racionada y cara.
En la punta el toldo es de la tienda de fotografía Casa Planas sucursal de El Terreno. En el piso superior había una biblioteca inglesa que prestaba libros en inglés a los residentes. El letrero "Lending Library" era para nosotros un misterio.

Casa Planas se estrenó regalando una cámara fotográfica a la Tómbola  Benéfica que cada año se instalaba en Sa Plaçeta en el mes de septiembre durante las fiestas patronales de la barriada. La tenían expuesta en el centro de la caseta tal como si fuera la Virgen de Lluc.
Yo la miraba extasiado, era metálica, brillante con varios anillos llenos de números y una marca ilegible. Debía ser una Woighlander.

Sigo con la foto...

Arriba, a la derecha, se ven los pinos del bosque de Bellver, mas abajo, el porche o terraza de la casa de veraneo de la familia Juan Anguera.  El Sr. Anguera era un prestigioso médico. Con el tiempo esta familia segregó una parte del jardín y lo transformó en locales comerciales de los que vemos la Agencia Viajes Cosmelli y la tienda de modas de señora Odette.
Estas tiendas y la casa de veraneo que disponía de un solar enorme dieron paso a un edificio del que mas vale no acordarse.

Por ultimo, comentar que las sillas que se ven de aluminio y tiras de plástico, sustituyeron a los cómodos sillones de trenzados vegetales. Las mesas, que eran de fundición con tablero de mármol, también desaparecieron en aras de la comodidad de manejo.
La foto con ser antigua no refleja el encanto que tuvo en los primeros años cincuenta del siglo pasado.

Bueno Llorenç, otro día te contaré mas recuerdos de Sa Plaçeta.
Tomeu Bibiloni



18 de enero de 2012

El vapor "El Mallorquín"


El 7 de septiembre de 1837, es una fecha histórica para la navegación marítima mallorquina, ya que a primera hora de la mañana de ese día, procedente de Londres en una travesía de quince días, habiendo realizado escalas técnicas en Falmouth y Gibraltar, bajo el mando del capitán Gabriel Medinas, llegaba al puerto palmesano "El Mallorquín", el primer buque a vapor con matrícula isleña. “El Mallorquín”, que sería conocido popularmente como “Es Pagès” por llevar en su proa un mascarón de madera labrada policromada representando a un payés mallorquín, fue construido en los astilleros de “Druffus & Company” , de Aberdeen, en Inglaterra. Media 45 metros de eslora y 9 de manga y la altura de la cubierta de la quilla era de 3 metros. Su casco era de madera, siendo su parte inferior, la sumergida, de planchas de cobre. El motor impulsaba una fuerza de 120 caballos haciendo mover dos ruedas de palas posicionadas una a babor y la otra a estribor. La velocidad máxima que alcanzaba era de 11 nudos.

 "El Mallorquín" en una recreación en acuarela de Ramon Sampol Isern

Al igual que otros barcos similares de la época “El Mallorquín” seguía manteniendo su arbolado con su correspondiente velamen, el cual estaba constituido por dos palos con velas tipo “cuchillo” y un lamprés para los foques. Las velas era un medio de seguridad por si acaso el motor sufriera alguna avería. El coste total de nuestro histórico navío fueron de 8.100 libras esterlinas, importe satisfecho por la entonces recién creada “Empresa del Paquete de Vapor Mallorquín”, naviera cuyos principales accionistas eran industriales y del estamento de la nobleza local. Un mes después de su primera llegada al puerto de Palma, “El Mallorquín” fue oficialmente puesto en servicio, saliendo de Palma con destino a Barcelona llevando a bordo 22 pasajeros, cuyos pasajes costaban 160 reales el de primera clase, 100 el de segunda y 60 el de tercera. Además, en el primer viaje inaugural transportó también mercancías variadas y una piara de cerdos de raza mallorquina (porc negre). El comedor de primera clase era todo lujo, con cubertería de plata y vajilla de porcelana china. En el año 1859, durante la guerra entre España y Marruecos, nuestro buque, a igual que otras unidades de matrícula mallorquina, fueron contratados por el Estado español para transportar tropas, víveres y pertrechos de guerra. Al año siguiente, una vez finalizado el compromiso estatal, volvió a su anterior función hasta que meses después, la naviera “Empresa Mallorquina de Vapores” lo adquirió para ser posteriormente desguazado. 

Juan Cortada y Sala
 Entre los pasajeros que a lo largo de su cuarto de siglo de navegación viajaron en él, destacaron Frédéric Chopin y su compañera sentimental, la escritora francesa Samantine Aurore Lucil Dupin, conocida en el mundo de las letras como George Sand, quien en su libro “Un Hivern a Majorque” dedicó unas páginas al barco describiendo su viaje a Mallorca y su posterior regreso (no tan placentero, debido a la mala mar y a una escandalosa píara de cerdos) con el mismo a Barcelona.

Igualmente otro escritor e historiador, Juan Cortada y Sala, escribió su experiencia a bordo del “Mallorquín” en su narración “Viaje a la Isla de Mallorca en el estío de 1845.” De esa narración reproduzco las siguientes líneas dada la belleza y claridad con que su autor expresa su estancia a bordo del buque y llegada a Palma:

...“Es vapor de cortas dimensiones, de regular marcha, de pocas comodidades y de camas tan duras que son a propósito para hacer penitencia. El tiempo estaba calmoso y la mar tranquila, de modo que había justa razón para esperar un feliz viaje. Comenzó éste como todos los que se hacen en vapor. Los pasajeros sentados en el alcázar, reservados primero, accesibles muy pronto y casi amigos al poco rato, La conversación primera ha sido la que debiera ser la última, a saber, si yo me mareo, si tú te mareas, si aquél se marea y si todos nos mareamos. Yo tengo que para mí que esto del mareo no es capaz de explicarlo, no digo yo, un médico, porque los tales, con su perdón sea dicho, explican pocas cosas, sino nadie, porque si no es fijo marearse siempre ni dejarse de marear aun cuando las circunstancias sean iguales. En los barcos de vela es grande llamativo del mareo el olor de alquitrán de que está el buque impregnado; mas en los de vapor el alquitrán está suplido con usura por el maldito hedor del carbón de piedra, de suerte que en toda clase de buques hay para ese martirio un auxiliar muy eficaz del movimiento. El tiempo ha sido bueno y con todo apenas había una hora de salida de Barcelona, cuando varios pasajeros incapaces ya de tenerse en pie, ha ido a buscar un consuelo al sutil colchón…Vino la noche y con ella una luna clara, hermosa y de plenilunio. 

Me he levantado a pesar de mi mareo y a las nueve y media he subido a cubierta para mirar la luna que formaba un río de plata desde la proa del buque hasta el horizonte y que en la larga y agitada estela que el barco dejaba, confundía su blanca luz con la fosforescencia de las aguas y con la oscuridad de las olas que quedaban en sombra... Ha amanecido. El tiempo estaba sereno y calmoso. A las cuatro hemos llegado delante de la Dragonera, islote árido, y centinela avanzado de Mallorca. En su más alta cumbre hay una torrecilla antigua, desde la cual se hace una seña cuando llega el vapor, señal que transmitiéndose de torcer en torre llega a Palma en pocos minutos. Viven en esa torrecilla dos hombres, nadie más y nada más. ¿Qué hacen ahí esos dos hombres?. Anuncian el vapor que pasa una vez cada ocho días. ¡Digna ocupación para dos seres intelectuales que tienen un alma inmortal!. ¿Es esa la misión que les ha confiado al darles la vida?.

El buque, si hay buen tiempo, pasa entre la Dragonera a estribor y a babor la costa de Mallorca, desnuda por este lado, cortada perpendicularmente en inmensos torreones, eterna morada de palomas y en uno de los cuales hay un claro y penetrante eco que responde a las voces del navegante que al pasar le llama. ¡Quién sabe en cuántos idiomas ha contestado ese eco, a cuántas gentes a oído…Antes de llegar a Palma asoman pocos palmos sobre el nivel del agua algunos islotes de viva peña que el mar poco a poco rompe con aquella perseverancia que los irá convirtiendo en menuda arena y arrebatándolos entre la reventazón y las espumas. Dentro de algunos siglos no asomarán la cabeza, y entonces quizás se estrellará contra ellos alguna nave y perecerán los hombres que en ella vayan. Palma está en el fondo de una gran ensenada y para entrar en el puerto se dobla la punta llamada Cala Figuera, que es uno de los dos cabos que forman ese largo seno. El buque sigue la derrota teniendo a babor la costa que se hace amena al paso que se aproxima a la capital. Poco antes de llegar a ésta, está Porto-Pí, pequeña rada que se va llenando, defendida por dos torreones góticos, sobre uno de los cuales se ha levantado una obra moderna en que hay el faro. 

En ese lugar desembarcó Don Pedro IV de Aragón llamado el Ceremonioso o "del Punyalet" cuando en el año 1343 vino a desposeer del reino de Mallorca a Don Jaime III que perdió corona y vida en la batalla de LLucmajor. Un poco más adelante y sobre la cumbre descuella el Castillo de Bellver, lugar de destierro en que gimió el ilustre Jovellanos y que visitaré otro día… Desde el buque se ve gran parte de la ciudad tendida en terreno algo desigual y a un extremo de ella en lugar alto se eleva la magnífica Catedral de color de rosa seca y que de lejos parece dominar la ciudad toda. Cerca de ese punto descuellan tres palmeras inmediatas a las ruinas del convento de Santo Domingo, demolido por el vandalismo de la revolución. Esta vista es muy linda y no se si por prevención con que uno viene o por qué fantástica idea, me ha parecido que todo eso tenía un resabio árabe.

A las siete el buque ha echado el ancla y al momento lo ha invadido un enjambre de hombres y mujeres que para saludar dos minutos antes a los parientes y amigos, han obstruido la cámara y la cubierta, sin consideración al mareado viajero que desea pisar el suelo quieto y que tenía que ganar el terreno a palmos, buscando entre aquella confusión y muchedumbre el equipaje y el faquín que se lo llevara. Por fin, hemos saltado a tierra y después del consabido registro a la puerta y de los consabidísimos reales, nos hemos venido a la Fonda de las Tres Palomas y alojado en el cuarto número 11...”.

El Puerto de Palma en el siglo XIX era el más importante de la isla en número de naves, tonelaje y tripulaciones. Al Puerto de Palma le seguían en importancia los de Alcudia, Andratx, Sóller, Pollença y Porto Colom. La importancia de Alcudia dependía del vapor que realizaba el servicio de correo entre Mahón, Alcudia y Barcelona. Para el gran cabotaje también Palma era el puerto más importante seguido del de Sóller por las naranjas que se exportaban a los puertos franceses del Mediterráneo. En cuanto a la navegación de altura, salían vapores desde Palma hacia La Habana principalmente y hacia las Antillas. Sin embargo, pese a existir una Sociedad constituida para el transporte con faluchos costeros de piedras, carbón o cualquier otro tipo de material, el tráfico marítimo de mercancías de los puertos de Mallorca entre sí, era más bien escaso.

Grabado antiguo del siglo XIX con el vapor "El Mallorquín" entrando en la bahía, pasando ante la torre de señales de Porto Pí

15 de enero de 2012

Miscelánea Fotográfica y Comparativa Nº 4


Bueno, después de más de un mes de descanso,  heme aquí otra vez con ustedes, queridos amigos, seguidores y visitantes ocasionales. Y sin más dilación, pasemos a por lo que ustedes han entrado en este lugar, y que no es otra cosa que ver la exitosa etiqueta de "Comparativas Temporales".

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Antigua calle de la Riera. Estas eran las casas de enfrente de la Rambla; a la derecha de la fotografía se vislumbra el Teatro Principal. Fueron derribadas a finales de los años '60 para la construcción de un gran aparcamiento y las escaleras de acceso a la Plaza Mayor.
En la actualidad

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En esta fotografía de la década de los '70 un grupo de trabajadores de la compañía FEVE están desguazando los viejos trenes de vía estrecha. Detrás se pueden apreciar los nuevos modelos de aquella época.
Cuando se construyo la estación de trenes y metro subterránea, los terrenos que quedaron libres arriba, se convirtieron en "El parque de las Estaciones"

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Aquí vemos la misma estación ferroviaria sobre la década de los años '40 en una toma elevada
En la actualidad tomada desde el mismo punto de vista

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En esta fotografía de 1912 vemos recién terminado el edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de las Baleares, diseñado por el arquitecto mallorquín Gaspar Bennazar Moner.

En la actualidad

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En esta imagen de 1957, vemos que al trasladar el mercado que estaba sito en la Plaza Mayor a un nuevo mercado que se construyó a principios de los años '50, el Mercado del Olivar, permitió unificar todos los edificios porticados de la plaza, dándoles una unidad arquitectónica. A la derecha, vemos la construcción de un nuevo edificio para cerrar la Plaza Mayor.
En la actualidad

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Y la última fotografía con la que me despedi en mi última entrada y en la que les proponía un reto. Averiguar que lugar de Palma estábamos viendo.

La conjunción de las obras del "plan Alomar" (Plan de Ordenación Urbanística de Palma), con la histórica nevada de 1956, produjo esta singular fotografía. Éste lugar de la ciudad, se parece más a Stalingrado al final de la guerra, que a cualquier otro sitio de nuestra tranquila -en aquel entonces- ciudad de Palma.
El plan Alomar para la reforma de la ciudad estaba en plena ebullición. Éste planificaba la construcción de una vía de unión entre el arrabal de Santa Catalina y la urbanización de la zona conocida como Hort d'en Moranta. Para ello creó una nueva vía, la Avenida Jaime III, que va desde el final del Paseo del Borne hasta el torrente de la Riera.
También fue construido el Paseo Mallorca, vía que transcurre en torno al torrente, y la urbanización de lo que actualmente es el barrio de Bons Aires. Además de mejorar, en temas de salubridad e higiene, las zonas del Puig de Sant Pere y La Calatrava, el proyecto de Alomar también incluía la mejora de las comunicaciones entre la ciudad y el puerto.

Y otro día más!

"MALLORCA, otro tiempo..." Libro de fotografías de FAM.

Nace nuestro primer libro. Próximamente características, precio y dónde encontrarlo.