24 de julio de 2011

La Base de Hidroaviones de Pollensa y su historia (1ª parte)


 En el extremo Norte de la isla de Mallorca se encuentra la bahía de Pollensa. Orientada a levante y flanqueada por los cabos de Formentor y Pinar que por el norte y el sur, respectivamente, encuadran su boca, tiene una anchura de unos 5 km, siendo poco más de 10 km. los que separan la playa de La Gola, en el fondo de la ensenada, de la embocadura. Amparada de los temporales del norte por la sierra del Cavall Bernat y por las alturas que en prolongación de ella constituyen el espinazo del Cabo de Formentor, fue desde tiempo inmemorial lugar de refugio y abrigo para los navegantes  -fenicios, cartagineses, romanos y berberiscos-  que protegieron con fortificaciones y atalayas, de las que aun se conservan algunos restos, este esplendido lugar tan estratégicamente centrado en todas las rutas del mediterraneo occidental. Posteriormente se construyo en la punta de La Avanzada, sobre las ruinas de un fuerte medieval probablemente alzado sobre las de construcciones militares más antiguas, una hermosa fortaleza de planta exagonal que permanecio artillada y guarnecida hasta que en 1875 fue desmilitarizada.

Parte de la Aerobrigata italiana fondeada en las aguas de la  Bahía de Pollensa 

PRIMEROS AMERIZAJES
Ya se había iniciado el segundo cuarto del siglo XX, cuando los aviadores dirigieron sus ojos hacia la amplia y abrigada bahía pollensina y, captando sus magnificas condiciones para las maniobras de hidroaviones, empezaron a visitarla con ocasión de sus viajes de instrucción, utilizando sus protegidas aguas como punto de escala en sus vuelos de navegación. En la primavera de 1928 salto el nombre de Pollensa a la prensa de todo el Mundo, con ocasión de haber proporcionado hospitalidad la bahía a los sesenta y un hidroaviones que formando seis escuadrillas, constituían la Aerobrigata que, a las ordenes del general Francesco de Pinedo, y llevando como pasajero de excepción al Ministro del Aire de Italia, Italo Balbo, realizaban el Periplo del Mediterráneo Occidentale,  preludio de las travesías atlánticas que la Regia Aeronáutica realizaría en años sucesivos.  Los aviadores italianos fueron recibidos y atendidos por sus colegas españoles de la Aviación Militar y de la Aeronáutica Naval en la bahía de Pollensa, como luego lo serían en Los Alcázares, uno y otro, puntos de escala de la formación italiana en su raíd.  Algunos años más tarde, en 1934, una formación más modesta, pero española, un grupo de hidroaviones Dornier Wal a las ordenes del comandante Franco, hizo de la bahía pollensina punto final de etapa en su "Vuelta a España".

Histórica grabación de la llegada de las escuadrillas de la Regia Aeronáutica Italiana a la Base de Hidroaviones de  Pollensa

 Obras para la realización de las rampas que usarían los hidros de la Base

El primer paso hacia el establecimiento de una base de hidros en la ensenada de Pollensa  tendría lugar el 22 de agosto de 1935, con la instalación aquel día de un destacamento de la Aviación Militar, formado por tres Dornier Wal del grupo nº 6 de la base de Los Alcazares  que, con distintos relevos entre los que se intercaló una patrulla de la Aeronáutica Naval que estuvo destacada desde el 23 de noviembre de 1935 hasta el 1º de marzo de 1936, permanecería como tal hasta ésta ultima fecha en que se quedó constituido un "Destacamento permanente de Aviación Militar"  a las ordenes del capitán Fernando Beneito Lopez.  Este destacamento que contaría con tres hidros y un magro parque logístico de una camioneta, un coche ligero, una canoa automóvil para el servicio de los hidros, una para salvamento y dos botes-tanque para la carga del combustible. Tendría a sus hombres alojados en casas que se alquilaron en el Puerto de Pollensa, en espera de que se construyera el necesario acuartelamiento, y, hasta tanto se hiciera una de hormigón, se improvisó una rampa de madera para sacar del agua a los hidros.

Una pareja de  Dornier "Wal" en vuelo

POLLENSA EN LA GUERRA CIVIL
Al producirse los acontecimientos de julio de 1936, fue el destacamento de Aviación Militar de Pollensa el único islote gubernamental en Mallorca donde la guarnición se había alzado contra el Gobierno del Frente Popular de la República, con su comandante general, Manuel Godet, a la cabeza. El capitán Beneito, republicano ferviente, organizo la defensa de la entrada del pueblo, ya que intuía que de Palma se enviarían fuerzas para someter a la base, como efectivamente ocurrió, produciéndose un corto pero violento tiroteo entre los hombres del  Destacamento y una sección de Intendencia al mando de un alférez, en el que murió éste y uno de los soldados de Palma, y un cabo y un corneta de entre los de Aviación. Beneito, consciente de que únicamente podía ofrecer una defensa testimonial, y pensando que ya se había derramado demasiada sangre, ordenó arriar la bandera e izar en el mástil una sábana, y en las canoas del destacamento abandonó la isla acompañado de toda su gente, con la excepción del capitán Simón que se quedo en tierra para unirse a los golpistas en el resto de la isla.  Dado que los tres Dornier con que contaba el destacamento se encontraban con los motores desmontados y, en consecuencia, fuera de servicio, no tuvo la bahía de Pollensa ninguna importancia durante las primeras semanas de guerra, si se exceptúa la toma de agua de la patrulla de tres Savoia S-55X que desde Italia se dirigía a atacar a las fuerzas republicanas desembarcadas en Porto Cristo el 15 de agosto, que amaró en la bahía para obtener información sobre la situación en la cabeza de playa, despegando seguidamente para bombardearla, yendo luego a amarar a la bahía de Palma.

Macchi M-41 bis
 En los últimos días de septiembre, expulsadas ya al mar las ultimas tropas republicanas de las desembarcadas en Mallorca, fueron a establecerse en el Puerto de Pollensa los tres hidros de caza, Macchi M-41 bis, que constituían la escuadrilla nº 130 al mando del teniente italiano Carlo Rinaldi "Revello", situándose y aprovechando las modestas instalaciones del que había sido Destacamento Permanente. La misión de estos pequeños aviones sería defender la isla de las posibles incursiones aéreas que pudieran partir de la vecina isla de Menorca, única del archipiélago balear, en poder de la República. De hecho no tuvieron trabajo alguno y pasaron esos días sin pena ni gloria.

NACE LA BASE DE HIDROS DE POLLENSA

Cant Z-501
El 17 de enero de 1937 se presentó en Puerto Pollensa el comandante Luis Rambaud Gomá con dos hidros Cant Z-501, y tomó el mando de la incipiente base, estableciéndose junto al espigón del puerto, aunque provisionalmente,ya que estaba decidido que la base se situara algo más al norte, amparada por la punta de La Avanzada. Pocos días después otro Cant Z-501 se uniría a aquellos dos. Realizadas las necesarias expropiaciones de terrenos, el 20 de febrero se iniciaron las obras de explanación, construyéndose en pocas semanas una plataforma de 1.250 metros cuadrados en el extremo occidental de lo que habría de ser  la obra total.  Apenas abierto el libro de operaciones de la nueva base, se tiño de sangre: cuando despegaba para un vuelo de reconocimiento de Menorca, el avion 62-1 tripulado por el capitán Melendreras, el teniente de navío Ruiz de la Puente, el alférez Expósito y el sargento Urtasun, chocó con los palos de una embarcación del Monopolio de Tabacos y cayó al agua con el morro bajo, destrozándose, muriendo en el acto Melendreras y Ruiz de la Puente y resultando heridos Expósito y Urtasun.  Dado el incremento del personal de la Base y del Grupo de Hidros que recibiría la denominación de 2-G-62, se hizo necesario requisar para residencia de oficiales el hotel Mar i Cel que, sobre tener la capacidad y las condiciones adecuadas, ofrecía la ventaja de hallarse muy próximo al emplazamiento de la base que se estaba construyendo. 

El Hotel Mar i Cel sería la residencia de los pilotos
  Durante la segunda quincena de marzo, tripulados por personal del 2-G-62 que para ello se habían desplazado a la base italiana de Orbetello, llegaron a Pollensa cinco hidros Cant Z-501 más, con lo que el Grupo dispuso ya de siete. El comandante Rambaud, una vez terminada la organización del 2-G-62, fue destinado a la Jefatura del Aire, a Salamanca, siendo sustituido en el mando del Grupo y de la Base por el también comandante Federico Noreña Echevarría que ostentaría el mando de ambos hasta el final de la guerra.  La importancia de la Base de Pollensa, nacida de su privilegiada situación geográfica, se fue incrementando mes a mes por la actividad desplegada por sus unidades  -inicialmente el 2-G-62, y más tarde, además, la AS/88-  ya que al carecer la Armada golpista de unidades ligeras que realizaran las imprescindibles misiones de exploración, únicamente con aviones podía ser cubierto aquel servicio, y dada la gran superficie del mar que había de tenerse vigilada,  -ya que aún no existían los sistemas de localización radioeléctrica y los reconocimientos tenían que ser visuales, y la no muy segura mecánica de los aviones de la época,-   los hidros de gran radio de acción eran el medio más adecuado para desempeñar aquellas misiones. 

Heinkel 59 B2  "Zapatones"
El 9 de julio llegó a Pollensa una nueva Unidad: la escuadrilla  AS/88 de la Legión Cóndor, dotada de hidroaviones biplanos bimotores, de flotadores, Heinkel He-59B-2 (1) que se situó en el puerto y alojó a su personal en el hotel Illa d'Or.  Así como la principal tarea de los Cant Z-501 del 2-G-62 era vigilar la ruta de acceso a los puertos enemigos de Cataluña y Levante, la de los Heinkel 59 de la AS/88 consistía en atacar los puertos  y comunicaciones del litoral, principalmente de noche, creando en los republicanos un estado de inseguridad que se sumo a los daños materiales que a lo largo de la guerra, causaron en las instalaciones portuarias, carreteras, ferrocarriles e industrias. Tanto una como otra unidad, tuvieron un considerable numero de muertos, por acción del enemigo o en accidentes debidos a averías mecánicas o al mal tiempo. Las obras de la base iban progresando, y en julio se trasladaron a Pollensa los talleres que, para el mantenimiento de los hidros, habían funcionado en Palma hasta entonces.  En febrero de 1938 llego embarcada a Pollensa, una grúa giratoria eléctrica Babcook Wilcox; su instalación resolvió uno de los grandes problemas que hasta entonces se habían planteado: el manejo de los pesados aviones entre la tierra y el agua.  Así mismo, poco antes del amanecer del 21 de mayo, la base recibiría el ataque de la aviación republicana, que pese a sorprender a los servicios de alerta de Mallorca,  tendría un resultado nulo y sin victimas mortales.  Pero todavía le esperaba a la base una sucesión de acontecimientos,  algunos favorables y otros adversos, que  veremos próximamente....


La grúa giratoría resolvío los graves problemas de movilidad de los hidroaviones en tierra

(1) Por sus grandes flotadores, los Heinkel 59 fueron conocidos desde el primer momento, en la zona golpista, por "Zapatones"; llegaría a llamarseles así también en la zona republicana.

Bibliografía: Emilio Herrera Alonso, Una Bahía con Alas  S.G.T. Ministerio de  Defensa (1995)CONTINUARA EN UNA PRÓXIMA ENTRADA...

Y hasta aquí hemos llegado. Esta ha sido de momento la ultima entrada. Visitantes anónim@s y visitantes registrad@s, me tomo unas vacaciones. El estío llama a mi puerta y el "dolce far niente" me arrastra a una dulce holgazanería. Seré como el Guadiana, apareceré y desapareceré del Blogger de vez en cuando, espero que sabrán disculparme.
¡Nos vemos en septiembre!





20 de julio de 2011

Mallorquines Ilustres: Antonio Maura y Montaner

Antonio Maura y Montaner
Antonio Maura y Montaner nació en el seno de una familia acomodada el día 2 de mayo de 1853 en Palma de Mallorca, ciudad de la que emigró a Madrid en plena efervescencia de  La Gloriosa en el año 1868. Muy poco antes se había dispuesto un nuevo plan de estudios que permitía acabar la carrera de Leyes en tres años en la Universidad Central (actual Universidad Complutense de Madrid); y aunque al joven Antonio hubiera deseado estudiar ciencias, la perspectiva de concluir una carrera universitaria en tan poco tiempo era una tentación que no podía declinar. Los alumnos universitarios solían burlarse de Antonio, que no acaba de hablar correctamente castellano -su lengua materna era el mallorquín-, aunque se esforzaba leyendo lecturas clasicas en lengua castellana.

No obstante, dos jóvenes compañeros se "apiadaron" de él y así comenzó una amistad que no tardaría en dar sus frutos. Los muchachos eran los hermanos menores del abogado Germán Gamazo, un reputado hombre de leyes que llegaría a ser diputado y ministro más adelante. Cuando Antonio acabó la carrera, entró a trabajar en el bufete del prestigioso abogado. Poco tiempo después se casaba -en 1878- con Constancia Gamazo, hermana menor del abogado, con la que llegaría a tener 10 hijos, cinco varones y cinco hembras. En 1881, a la edad de 26 años, Antonio Maura fue elegido diputado en las Cortes por Palma de Mallorca, su ciudad natal. Su cuñado, Germán Gamazo, lo había introducido en los asuntos de la política y a partir de ese momento, Maura pasó a engrosar las listas de los liberales, aunque sin tener una opinión formada acerca de las posibilidades y características de las distintas tendencias políticas. Por entonces, Maura ya era un prestigioso abogado y las dificultades de expresión en castellano eran sólo un mal recuerdo. Formaba parte habitual de las luchas políticas y empezó a mostrar cuáles eran sus exigencias ideológicas: participación ciudadana a través del sufragio, reforma de la administración provincial y municipal, legislación para prevenir la corrupción política y presencia internacional activa.

Era famosa su oratoría en los discursos
 Maura se veía obligado, con frecuencia, a seguir a Gamazo en los sucesivos encuentros y desencuentros que éste mantenía con Sagasta, constituido ya en la década de los ochenta como indiscutible jefe del liberalismo español. En las cortes de 1886, el abogado mallorquín ocupó la Vicepresidencia del Congreso y allí pronunció uno de sus discursos más recordados, en el que defendió a ultranza la instrucción parlamentaria. Salvados los problemas entre Sagasta y los disidentes, el líder liberal encargó a Gamazo y a su cuñado dos carteras ministeriales. A Maura le correspondió la de Ultramar (1892). La cuestión más delicada era, naturalmente, Cuba, para la que Maura dispuso una amplia autonomía, presentada en forma de proyecto de ley. No obstante, las críticas violentas no se hicieron esperar y el proyecto no llegó a aprobarse. Maura dimitió, y su cuñado, Gamazo, abandonó también el Ministerio de Hacienda. Cuando se produjo la insurrección definitiva en Cuba, los políticos españoles que residían en Cuba, creyeron que el regreso de Maura contribuiría a calmar los ánimos, tal vez proponiendo nuevas leyes que aplacaran las violencias independentistas. El abogado mallorquín acepto la cartera de Gracia y Justicia (1895), pero el gobierno de Sagasta cayó en marzo y no pudo concluirse nada. Desde la oposición, durante el último Gobierno conservador de Cánovas, Maura siguió manteniendo su opinión de reformar el modo de hacer la política. También se mantenía la disidencia respecto a Sagasta, y la tremenda crisis del 98 aumentó el abismo ya existente entre el viejo hacendista revolucionario y sus compañeros liberales. Maura encabezaba la facción llamada Gamacista, tras la muerte de su cuñado, en 1901 y fue entonces cuando pronunció el famoso discurso de la revolución desde arriba. El partido conservador lo lideraba por entonces Francisco Silvela, que se había hecho con el grupo tras el asesinato de Cánovas. Fue él quien organizó el Gabinente de Regeneración Nacional, imprescindible tras los sucesos del 98 y ante el deplorable estado democrático nacido de la Restauración. Maura concebía el mismo objetivo que Silvela y no dejó de mostrar su acuerdo con el presidente, en todo lo referente a la necesidad de levantar el país de su postración.


Maura votando en unas elecciones
 En 1902, Maura llega a un acuerdo con Silvela y los antiguos liberales Gamacistas se pasan en bloque al partido conservador. Estaban en el siglo XX, pero las prácticas políticas eran perfectamente decimonónicas. Maura se hizo cargo de la cartera de Gobernación, desde donde creó el Instituto de Reformas Sociales y el Instituto Nacional de Previsión. Además, desde ese puesto controló las elecciones en 1903, de las que todos parecen estar de acuerdo en afirmar que habían sido, seguramente, los comicios más limpios de la historia de España. Los gabinetes tampoco duraban mucho más, y Silvela se retiró en octubre de aquel año, asumiendo la Presidencia el conservador Raimundo Fernández Villaverde, cuya confianza en España era sustancialmente menor que la que mantenía Maura. Cuando Fernández Villaverde cayó en diciembre de aquel mismo año, todos dieron por sentado que el nuevo líder conservador era Antonio Maura. El gobierno de Antonio Maura duró un año (1904). El gabinete estaba compuesto por políticos de confianza y amigos personales y por especialistas en distintas áreas. El objetivo primordial era la erradicación del caciquísmo, perseguido con una serie de reformas de la administración local y provincial, sin olvidar los logros internacionales que consiguió su gobierno, como el reconocimiento de los derechos españoles sobre Marruecos por parte de Francia y el Reino Unido.

El 12 de abril de 1904, Joaquím Miguel Artal, un joven anarquista de 19 años atentaba contra el presidente del gobierno. Maura, junto con el Rey, -aunque en coches diferentes-  asistía a un acto oficial, iba en un coche descubierto y cuando el carruaje se encontraba frente a la iglesia de la Mercè, un joven se adelantó con un sobre en la mano y saltó al estribo mientras se quitaba la gorra. El presidente pensó que se trataba de una petición y extendió la mano para recibir el sobre, fue entonces cuando el joven sacó un puñal y lo hundió en su costado izquierdo. Sin embargo, los pliegues del traje de uniforme que vestía impidieron que el puñal penetrara, y todo quedó en una pequeña herida. No obstante, el primer gobierno de Maura cayó en diciembre de 1904 como consecuencia de la negativa de Alfonso XIII a firmar el nombramiento del general Loño para el cargo de Jefe del Estado Mayor Central del Ejército, ya que el rey prefería al general Polavieja, apodado "El Cristiano", entonces Jefe del
Recreación del atentado contra Maura
Cuarto Militar del Rey, muy allegado a la madre de este y protegido por ella. Tras semanas de tensión por este asunto, Maura dimitió en solidaridad con su ministro de la guerra, Arsenio Linares, que había propuesto al General Loño. Maura fue sustituido por el general Azcárraga, un antiguo político de la época canovista. Tras una etapa de oposición, a principio de 1907 forma de nuevo un gabinete que merecerá el título de "gobierno largo"  -dos escasos años- y que será muy fecundo en programas legislativos. Vuelve al Congreso con su ley de reforma local, y añade leyes electorales, de comunicaciones, de huelga, de repoblación, de tribunales, de policía, sanidad, beneficencia, etcétera. No obstante, el asunto más peliagudo que tenía que tratar era la persistencia del conflicto bélico en el norte de Marruecos, que tras el Desastre del Barranco del Lobo y la obligación de la incorporación a filas de los reservistas, provocaron los disturbios anticlericales que estallaron en Barcelona durante la Semana Trágica (España), y que provocaron que Maura se tuviese que responsabilizar de la violentísima represión para controlarlos. Ello trajo como consecuencia una amplia repulsa hacia Maura en toda España y en Europa, por lo que el rey lo destituyó; tras ello, José Canalejas, el nuevo líder liberal y Segismundo Moret, formaron una alianza para gobernar.


Un documental que amplia un poco más la semana trágica de Barcelona.

 Este hecho fue determinante y Maura, que el 22 de julio de 1910 sufre un segundo atentado en Barcelona, cuando un individuo le pega tres tiros a quemarropa delante de su familia, (aunque sin consecuencias). Ya no volverá al Gobierno, sino como símbolo del conservadurismo democrático, en gobiernos de unidad nacional. En 1912 Maura renunció a su acta de diputado y anunció que se retiraba de la política activa. Sus seguidores intentaron recuperarlo, pero Alfonso XIII, en el turno conservador, nombró a Eduardo Dato, y Maura prefirió abandonar Madrid para no estorbar la acción moderada. Sin embargo, aún tuvo tiempo para implicarse en la discusión política sobre la guerra del 14, abogando por la neutralidad, y se le reclamó para los gobiernos de concentración nacional (1918 y 1919) y el desastre de Annual (1921), pero la energía del regeneracionismo maurista ya se había agotado. Finalmente, alzaría su protesta ante Alfonso XIII por la implantación de la Dictadura del general Primo de Rivera en el golpe de Estado de 1923, abandonando definitivamente ya la política activa.


Desde entonces se dedicó en sus últimos años de vida a redactar sus memorias y al placer de pintar, muriendo en Torrelodones el 13 de diciembre de 1925, a la edad de 72 años.

 Exíste una fundación de este insigne mallorquín en Madrid, la Fundación Antonio Maura, de la que he extraído algunas imagenes para la realización de esta galería fotográfica.

Trifino y Honorio Gamazo con Antonio Maura

 Antonio Maura con su madre y hermanos

 Constancia Gamazo y Calvo, esposa de Maura

 El matrimonio Maura con sus hijos

 Fotografia conmemorativa que se tomo en la casa del Marques de Hazas, en Pronillo (Santander).Fue una reunión de liberales en la que podemos ver  a Práxedes Mateo Sagasta, German Gamazo, Jose Sanchez Guerra y Antonio Maura entre otros.

 En un acto social celebrado en la casa de la Marquesa de Argüelles

 Fotografía oficial

 En un acto oficial con su A.R. Alfonso XIII

 Retrato oficial

 Viendo un partido de futbol en el nuevo estadio del Atletico de Madrid en 1923

 Con un grupo de periodistas

 Había multitud de revistas promauristas...


14 de julio de 2011

Historias, Mitos y Leyendas: Las horcas de la plaza de Santa Eulàlia

Empiezo con esta entrada, una nueva sección, compañera de las dos ya existentes: "Mallorquines Ilustres" y "Fotografía Comparativa".  En esta nueva sección y como puede leerse en el enunciado, irán apareciendo historias y leyendas de la ciudad de Palma, que aún por raras y desconocidas, no quiera decir que son menos ciertas, ya que la mayoría están documentadas.




(*) La plaza de Santa Eulàlia, conocida  también como "la de las Coles"  en la antigüedad,  porque  hubo un mercado de verduras, fue durante siglos lugar de ejecuciones, con horcas y cadalsos que se utilizaban de vez en cuando. Una ejecución tristemente famosa por su crueldad, fue la que sufrió el moro "Issa" en el año 1416. Este moro era esclavo del mercader Joan Tanyo, y fue condenado por hacer actos impúdicos y blasfemias dentro de la iglesia de Santa Eulalia. La condena fue exibirlo a la vergüenza pública, azotado, con la lengua clavada en un palo, pasarlo por el lugar donde se reunían los moros y llevado a la plaza de las Coles, delante de la iglesia de Santa Eulalia, donde había cometido las irreverencias..."i allí fou assegut sense bragues sobre la pella fogatjant e ben vermella, de manera que les anques i les parts insanes foseen ben soquerrades" (1)

Otra de las muchas ejecuciones realizadas en esta plaza, de la cual quedó recuerdo en la memoria popular, fue la del bandolero Antoni Gibert, alias "Treufoc", condenado por el asesinato del magistrado Berga en 1619. La sentencia decía que debía morir descuartizado. Treufoc fue atenazado delante de la casa de Berga y descuartizado en la plaza; su cabeza acabaría colgada de la Torre de las Cabezas (de la que hablaremos en otra entrada).  La sentencia, muy dura, decía así...."Que sigui conduït pel llocs acostumats de la present ciudad i amb tenalles candents, les seves carns siguin cremades i sigui duit per les cases dels ferres qui tenen les seves tenalles candents i amb elles sigui ferit i davant la casa del dit noble don Jaume Joan de Berga li tallin la mà i l'orella dretes i, davant el castell reial l'altre mà, l'esquerra, i en la plaça vulgarment coneguda per lo Born li sia arrebassada l'atre orella, l'esquerra, i desprès que sia arrosegat per terra per una coa de cavall, que sia conduït pels mateixos llocs a l'indret de suplici, a la plaça vulgarment anomenada de Santa Eulàlia i alla sia estrangulat, el cos tallat i col.locat en els llocs destacats i el cap a la porta anomenada del Castell Reial " (2)
(*)Historico

(1) Y que allí fuera sentado sin calzones sobre brasas bien calientes, de manera que las piernas y las partes sexuales quedáran bien quemadas.

(2) Que sea conducido por los lugares acostumbrados de la presente ciudad y con tenazas candentes, sus carnes sean quemadas y sea llevado por las casas de los herreros y que tengan sus tenazas candentes y con ellas sea herido, y delante de la casa del noble don Jaume Joan de Berga,  le corten la mano y la oreja derecha y, delante del Castillo Real la otra mano, la izquierda, y en la plaza conocida como del Borne le sea arrancada la otra oreja, la izquierda, y después arrastrado por tierra por una cola de caballo, que sea conducido por los mismos lugares al sitio del suplicio, la plaza vulgarmente conocida  de Santa Eulàlia y allí sea estrangulado, el cuerpo descuartizado y colocado en lugares destacados y la cabeza en la puerta del llamado Castillo Real.

11 de julio de 2011

Miscelánea fotografíca y comparativa Nº 3

1946.  El barrio del Olivar con la cúpula de la Iglesia de Sant Antoniet al fondo a la izquierda.  En estas callejuelas existían multitud de  hostales en los que se alojaban los payeses que bajaban a Palma.


 

 Con la reforma para la construcción del mercado del Olivar desaparecieron todos aquellos edificios...


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 Años 40. La Plaza de Rossello con la nueva fachada del Teatro Balear a la derecha



 Bajo la plaza se esconde uno de los primeros aparcamientos subterráneos que se construyeron ...

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 ¿Años 30 ó 40 ?  "Es femater d'es barri" (el basurero del barrio). Iba por las calles con su mula y carro,  recogiendo las basuras que dejaba la gente delante la puerta y a cualquier hora. No existían las normativas municipales sobre recogida de residuos. Aunque algunos ciudadanos si que esperaban que pasara por delante de sus casas para sacarlas...



 Actualmente en algunas zonas de Palma ya existen puntos de recogida selectiva y subterránea. El "basurero" no se tiene ni que bajar de su cabina. Lo controla todo con cámaras de vídeo y el proceso es mecánico y automático...

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 Años 40.  La calle Archiduque Luis Salvador, en el ensanche, cerca de la Plaza de Toros. Sin asfaltar y con multitud de solares vacios...



Actualmente ha recibido un lavado de cara y de tuberías gracias al famoso y contestado "Plan E" de Zapatero. No falta el carril bici, obcecación del gobierno municipal socialista anterior a las elecciones

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 1920. Antiguas cocheras de la Compañía de Tranvías de Palma. Estaban en la calle Aragón, la antigua carretera que llevaba a Inca.  A principio de los años '50 fueron trasladadas al barrio de Ca's Capiscol


Actualmente la calle Aragón es una de las calles con el tráfico más denso de la ciudad

7 de julio de 2011

Historia de Palma(4): La ciudad en la Edad Media

Jaume II
 Jaime I, repartió sus reinos entre sus dos hijos, Pedro y Jaime. A Jaime II le correspondió el Reino de Mallorca, con Menorca (que todavía estaba poblada por los musulmanes pero bajo jurisdicción del Reino de Mallorca), Ibiza y los territorios continentales del Senyoriu de Montpeller, los condados del Rosselló, Conflent, la Cerdaña y el Vizcondado del Carladès (todos ellos dentro de la actual Francia). Un reino disperso y pequeño, difícil de defender, y que era un obstáculo para las dos potencias europeas de la época, Francia quería las tierras del continente, mientras que por parte de la Corona de Aragón, el Reino de Mallorca era un punto importante para su expansión por el Mediterráneo. Pedro el Grande, deseó invadir el reino de su hermano desde el mismo momento que accedió al trono, pero la muerte se lo impidió. Poco antes había encargado la reunificación de las tierras de la Corona a su hijo Alfonso el Liberal. Pero la política mediterránea de la época jugó a favor de Jaime II, que se había refugiado en sus territorios continentales y en 1295, después de la muerte de Alfonso III, volvió a recuperar las islas y la integridad de su pequeño reino. Esta segunda etapa del reinado de Jaime II representa un periodo de prosperidad económica y cultural para Mallorca, con el inicio de las construcciones de la Seu (Catedral), el castillo de Bellver, los palacios de la Almudaina, de Valldemossa, Sineu y Manacor, fortificó Alcúdia y Capdepera, etc. En 1300 ordenó y reguló nuevos pueblos y organizó la creciente población de la isla. Muerto en 1311 le sucede Sancho (1311-1324) quien continua la labor organizadora del Reino de Mallorca, creando el Grande y General Consejo, órgano representativo de la isla y primer precedente de la actual Consell de Mallorca, y el Sindicato Foráneo que trataba los problemas de la Parte Foránea (todos los municipios de la isla menos la capital). Económicamente impulsó el desarrollo de la agricultura y del comercio. Muere sin descendencia y deja el reino a su sobrino Jaime III que era menor y por tanto, en un principio, quedó bajo la tutoría de su tío. Jaime III sigue desarrollando el comercio creando el Consulado de Mar, tribunal que regulaba las relaciones mercantiles, disponiendo de una escuadra, construyendo torres de vigía para defender la isla de los ataques saharianos. Pero el reinado fue una lucha constante con Francia y los condados de Cataluña, que deseaban sus tierras.

En 1343 Pedro IV el Ceremonioso invade Mallorca, que gana con cierta facilidad. Jaime III hace un intento desesperado por recuperar la isla y prepara un ejército que desembarcó en Pollença el 11 de octubre de 1349. Pero los mallorquines le dieron la espalda y las tropas de Pedro IV derrotan definitivamente al último rey de Mallorca en la batalla de Llucmajor el 25 de octubre, donde Jaime III muere en el campo de batalla y su hijo es encarcelado. Económicamente los dos ejes principales eran la agricultura y el comercio. Agrícolamente Mallorca sufre una transformación abandonando los cultivos de regadío por la expansión de la trilogía mediterránea, aceite, vino y cereal. Muy importante fue la ganadería ovina, sobretodo para la producción de lana, que ocupaba buena parte del territorio que había quedado despoblado por la expulsión de los musulmanes. Las manufacturas se concentraron en Ciutat de Mallorca organizada en gremios y con el sector textil como el más importante. El comercio también tenía su centro en la ciudad de donde de extraían los productos de la Parte Foránea y de los artesanos de Ciutat, además de ser un centro redistribuidor y un puerto importantísimo para las rutas comerciales del Mediterráneo.


La acentuada inestabilidad social y económica , fue seguida por el latigazo de la gran epidemia de peste negra de 1348, que afectó a casi toda Europa occidental. La disminución de la recaudación del morabatí —tributo que pagaban la mayoría de familias- puede resultar indicativo de los efectos de la peste: en 1350, la recaudación de Ciutat había menguado —respecto de 1343- en un 4,4% y la de la Part Forana en un 23,5%. Pero esa sólo fue la primera embestida pestífera. Durante toda la segunda mitad del siglo la población de Mallorca vio reducir sus efectivos como consecuencia de diferentes pestes y de otras enfermedades contagiosas, que la documentación suele denominar genéricamente como "morbo"; especialmente virulentas resultaron las epidemias de 1362 y de 1375. El miedo y la presencia de estas enfermedades pasaron a formar parte de la experiencia vital de la población mallorquina de la época. En la memoria colectiva, la gran peste de 1348 pasó a ser sólo “la primera mortalitat”, una de las tantas epidemias que diezmaron la población mallorquina en la Edad Media. Por otra parte, la mengua de la población también se vio favorecida por las frecuentes carestías alimenticias y, en general, por la crisis económica por la cual atravesaba el Reino de Mallorca. A pesar de lo anterior, en la segunda mitad del siglo XV la población mallorquina inició rápidamente su recuperación, que se interrumpió —aunque sólo temporalmente- como consecuencia de la peste de 1493-1494. Los efectos de la epidemia, aunque significativos, no impidieron la reanudación del crecimiento, que situó la demografía isleña en niveles próximos a los alcanzados en la primera mitad del siglo XIV. Pero esa dinámica ascendente volvió a interrumpirse de manera inesperada. En esta ocasión, a consecuencia de la Germanía. En la sociedad mallorquina de la Edad Media coexistieron diferentes grupos sociales, definidos tanto por el origen como por la religión.

Una coexistencia marcada por la segregación social a qué sometía el grupo mayoritario -la población cristiana, de origen mayoritariamente mallorquín- a las dos minorías que también integraban la sociedad mallorquina, los esclavos y los judíos. Estos últimos disponían de una organización autónoma -la Aljama- reconocida por el rey. En cambio, la situación de los esclavos -de origen no mallorquín, una vez extinguida la población musulmana autóctona, a finales del siglo XIII- era ciertamente diferente, ya que venía definida por su condición jurídica, concretada básicamente en la privación de libertad y la sumisión a las órdenes del propietario. Tanto los judíos como los esclavos fueron objeto de una severa legislación discriminatoria y de control, que los convertía como grupos aparte de la mayoría cristiana vieja o "denatura"  La población de origen mallorquín constituía en la sociedad  nacida con la conquista del 1229 el grupo predominante, tanto culturalmente como socialmente y demográficamente. Esto explica que, durante la Edad Media, el apelativo mallorquín se convirtiese en Mallorca en un sinónimo de cristiano viejo -o de natura, usando la terminología mallorquina de la época- y que fuera empleado, conjuntamente con el genérico cristiano, para distinguir a los cristianos de natura de los esclavos, de los libertos (esclavos que habían conseguido la libertad), de los judíos, los conversos y por los descendientes de todos ellos. Así puede apreciarse en las ordenanzas y capítulos de los gremios, en las disposiciones y órdenes de ámbito general y en documentación de diversa índole.


Si algo caracterizó la sociedad mallorquina medieval en relación a otras sociedades cristianas de la actual Europa occidental, fue sin duda la importancia que revistió la esclavitud: se ha estimado que la población esclava pudo constituir entre el 10 y el 30% de la población total de Mallorca durante el siglo XIV.  De todas maneras, y en relación a lo anterior, debe tenerse en cuenta que la esclavitud era un hecho habitual en el mundo mediterráneo, tanto en la Cristiandad como en el Islam. La importancia de la esclavitud en el Reino de Mallorca probablemente debe relacionarse con la facilidad existente para el aprovisionamiento de esclavos, que se derivaba de la posición estratégica de la isla en las rutas dedicadas a ese comercio humano. El término con que eran designados normalmente los esclavos -“catius”, es decir, cautivos- resulta indicativo de como se convirtieron en esclavos la gran mayoría: mediante la captura. Pero la esclavitud podía tener además otro origen: el nacimiento. O, más concretamente, tener padres esclavos o ser un “bord” (bastardo) hijo de un padre libre y de una madre esclava. Profesar una religión diferente al cristianismo era uno de los factores que permitían y, en ciertos contextos, hasta propiciaban la esclavitud. En principio los cristianos no podían esclavizar ni ser esclavos de otros cristianos, pero esto no fue óbice para que un gran número de griegos y de sardos, todos ellos cristianos, fueran esclavizados, ni tampoco lo fue para que los esclavos convertidos al cristianismo continuasen privados de libertad. Por lo que respecta al origen de los esclavos, este fluctuó considerablemente:en el siglo XIV predominaron los griegos, los sardos y los musulmanes; en el siglo XV, pueden diferenciarse con claridad dos períodos; a saber: la primera mitad de la centuria, caracterizada por el predominio de esclavos procedentes deEuropa oriental y Asia; y la segunda, que lo fue a su vez por el de los musulmanes norteafricanos negros y turcos.

En la Part Forana, los esclavos solían trabajar en las explotaciones agrícolas de sus propietarios, que normalmente eran terratenientes adinerados, poseedores de alquerías y rahales; en la ciudad, solían trabajar en la artesanía, como trajineros y, especialmente las mujeres, en el servicio doméstico de la aristocracia y de personas acomodadas. La situación de los esclavos conocía una amplia diversidad de situaciones, que comprendían desde la semi libertad hasta el padecimiento de todo tipo de malos tratos. Buena parte de los esclavos -a excepción de aquellos que ya eran cristianos- se convirtieron al cristianismo, o eso es lo que se desprende del hecho de que adoptasen una onomástica procedente del santoral cristiano. El propietario podía liberar el esclavo en su testamento o concederle la libertad cuando lo hubiera servido durante un cierto tiempo. Pero las liberaciones voluntarias no eran una cosa habitual. Normalmente, para poder liberarse, el esclavo tenía que establecer con su propietario -que debía prestar su consentimiento previo- un contrato de talla o de setmana. Estos contratos conocían varias modalidades, pero todos coincidían en lo esencial: fijaban un precio para su liberación y lo situaban en una condición de semilibertad, lo que le permitía alquilar bienes inmuebles, trabajar por cuenta ajena y negociar, normalmente haciendo préstamos, con las ganancias que hubiera obtenido mediante el ejercicio de estas actividades. No es de extrañar, por tanto, que las ansias de libertad propiciasen la autoexplotación de la mano de obra esclava. Los esclavos en proceso de liberación (denominados “setmaners” en la documentación) solían trabajar como jornaleros en las explotaciones agrícolas, talleres y otras actividades que requerían mano de obra suplementaria. Pero las diferencias entre los salarios masculinos y femeninos jugaban en contra de las esclavas “setmaneres” y hacían más difícil que pudieran conseguir regularmente la cantidad fijada como pago. Seguramente esto explica que muchas se viesen forzadas a recurrir a la prostitución; de hecho, setmanera y prostituta llegaron a convertirse en términos sinónimos.


Esta práctica, que fue prohibida repetidamente, debía de ser una de las pocas posibilidades de qué disponían las esclavas para reunir el importe que debían pagar como precio de su libertad. Si el esclavo llegaba a pagar el importe fijado en el contrato, obtenía su liberación y pasaba a ser “franc i alforra” (liberto). Una vez libre, tenía dos opciones: regresar a su lugar de origen u optar por establecerse definitivamente en la isla, dedicándose a las actividades características de los estratos más bajos de la población. Jurídicamente, nada diferenciaba al antiguo esclavo o esclava del resto de personas libres. Pero la igualdad jurídica no suponía en realidad el fin de la segregación: haber sido esclavo o ser hijo de esclavos constituía una especie de estigma social, como lo muestra que los antiguos esclavos y sus descendientes fueran privados de ejercer determinados oficios o que, normalmente, los libertos se casaran con libertas. La población judía mallorquina, que vivía organizada en una comunidad regulada según la ley judaica -aljama-, vivía concentrada en el call (judería) de Inca y, en su gran mayoría, en el de Ciutat, aunque se documenta su presencia en numerosas villas. Los judíos, a causa de sus creencias religiosas, fueron víctimas de una segregación que se incrementó paulatinamente y que llegó a obligarlos, por ejemplo, a ir vestidos con una indumentaria o símbolos distintivos. También fueron privados, mediante la ley o por la práctica consuetudinaria, de una parte significativa de los derechos de qué disfrutaba la mayoría cristiana, como el acceso a los cargos administrativos. Además, fueron objeto de frecuentes persecuciones y de continuas prácticas intimidatorias, sobre todo durante la Semana Santa. Al odio y animadversión de qué eran objeto por su religión, se añadía el motivado por una de sus actividades más características, junto con el comercio y los trabajos de la artesanía: el préstamo dinerario.

Ciertamente, los judíos se aprovechaban -como lo hacían también muchos cristianos- de las dificultades económicas que asfixiaban los prestatarios, pero no es menos cierto que no eran la causa de esa situación. Las amenazas y las agresiones de tipo esporádico se convirtieron en un alboroto generalizado cuando, en julio de 1391, se propagó en Mallorca la oleada de antisemitismo que, aquel año, se había extendido, como una mancha de aceite, en gran parte de la Europa católica y que solía materializarse en persecuciones y asaltos en las juderías. En agosto de 1391, un gran número de hombres de la Part Forana, a los cuales se unió un buen número de residentes en Ciutat, destruyó el Call de Inca y asaltó el de Ciutat y, al parecer, también hicieron lo mismo con las viviendas de los judíos del resto de villas de Mallorca. Es cierto que este levantamiento tuvo también una indudable vertiente reivindicativa -sus portavoces solicitaron, entre otras iniciativas, la supresión de los impuestos indirectos y profundas reformas institucionales-, pero no es menos cierto que este episodio no se puede desligar del intenso antisemitismo de la mayoría cristiana “de natura”. Los asaltos y saqueos causaron el pánico de los judíos mallorquines: muchos huyeron, sobretodo al norte de África y los hubo también que continuaron residiendo en la isla, convirtiéndose al cristianismo. Aún así, una fracción importante de los judíos mantuvo su residencia en Mallorca. La conversión no libraba a los antiguos judíos de la segregación ya que el converso continuaba siendo un ciudadano bajo sospecha. Bajo la sospecha de querer huir a África y abrazar de nuevo el judaísmo, o de practicarlo en privado y de relacionarse con los judíos que continuaban habitando en el Call. En 1435, ante el peligro de volver a sufrir un ataque parecido al de 1391, la totalidad de judíos mallorquines se convirtieron al cristianismo. Una conversión que, muy a menudo, sólo fue nominal lo que motivó, a partir del 1488, las persecuciones de la nueva Inquisición castellana.


En los últimos decenios de la dinastía privativa de Mallorca, y sobre todo a partir de la reincorporación del Reino de Mallorca a la Corona de Aragón, se asistió a un aumento continuado de la presión fiscal. Ese aumento de la fiscalidad, común a los diferentes territorios de la Corona de Aragón, estaba causado básicamente por dos causas. En primer lugar, por la financiación de la política expansionista de la Corona de Aragón en el Mediterráneo. En segundo lugar, por la voluntad de la monarquía de mantener el volumen de sus rentas, muy menguadas como consecuencia de la crisis agraria y de diferentes epidemias, entre las cuales destaca la Peste Negra de 1348. Esta fiscalidad conoció dos modalidades básicas: la indirecta, que gravaba determinadas actividades y el tráfico de productos, sobre todo de los de primera necesidad, y de las mercancías; y la directa, implantada sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIV, que consistía en repartir la cuota fiscal asignada a cada población (la talla) entre sus vecinos, en función de la riqueza de cada uno de ellos. La Universidad del Reino de Mallorca, ante la insuficiencia de los mecanismos recaudatorios ordinarios, tuvo que recurrir a la emisión de deuda pública para poder paliar su falta de liquidez. La adquisición de la gran mayoría de esta deuda por acreedores del condado de Cataluña provocó un problema añadido, la constante sangría de moneda hacia otras entidades políticas. El endeudamiento por este concepto pronto adquirió proporciones alarmantes. En 1372, el pago de los intereses consumía el 90% del total de los impuestos ordinarios. El diseño y aplicación de diferentes planes de reforma de la hacienda del Reino no pudieron impedir su quiebra.

En 1405 se acordó el denominado Contrato Santo, mediante el cual todos los ingresos procedentes de los impuestos se dedicaron al pago y la amortización de la deuda. Este Contrato no consiguió solucionar la crítica situación de las finanzas, a causa del desequilibrio existente entre los ingresos y los gastos del Reino y, seguramente, porque la liquidación de la deuda no interesaba a buena parte de la clase dirigente isleña, puesto que iba incrementando paulatinamente su importancia como acreedora del Reino y que pasó a obtener buena parte de sus rentas por este medio. Esta situación se agravaba todavía más por una constante en la historia del Reino de Mallorca, las frecuentes carestías de cereales, que obligaban a la Universidad del Reino a llevar a término continuas compras de trigo en mercados exteriores para el abastecimiento de la isla. El drenaje de moneda que suponían estas compras sólo era paliado por los ingresos reportados por las dos principales fuentes de ingresos del Reino: en primer lugar, y no necesariamente por orden de magnitud, la actividad mercantil, que mantuvo su importancia, a pesar de la contracción del tráfico comercial en el Mediterráneo; en segundo lugar, la exportación de tejidos mallorquines en diferentes mercados mediterráneos, sobre todo italianos. La manufactura textil mallorquina se benefició de la abundancia de la producción de lana de la isla y del control de determinados mercados por la Corona de Aragón, como el sardo y el siciliano, y experimentó un gran desarrollo en la segunda mitad del siglo XIV, que continuó durante todo el siglo XV.


Como consecuencia de ese desarrollo, la actividad manufacturera devino uno de los puntales de la economía isleña, tanto por el volumen de los ingresos que generaba, como por la población que estaba involucrada, directamente o no, en su producción. La segunda mitad del siglo XIV y el siglo XV serían momentos difíciles para la agricultura mallorquina, puesto que la producción agraria, sobre todo la de cereales, descendió muy por debajo de los niveles alcanzados durante la primera mitad del siglo XIV. Esa disminución, que se enmarca en una tendencia recesiva similar a la que se experimentaba en el resto de economías feudales, no se debía únicamente a la mengua de población que se produjo en Mallorca durante esta época, como se deduce del hecho que las cosechas disminuyesen tanto en magnitudes absolutas como también en lo que concierne a la producción per cápita, que también se redujo significativamente durante la segunda mitad del siglo XIV. Por lo tanto,en esa tendencia recesiva intervenían a la vez diferentes factores, que iban desde la misma crisis demográfica hasta la reconversión de espacios de cultivo en pastos dedicados a la ganadería, ya que esta última actividad se veía estimulada por el incremento de la demanda de lana generado por la manufactura textil mallorquina y, en buena parte, del exterior de la isla, fundamentalmente de las repúblicas italianas.Tras su reintegración a la Corona de Aragón (1343), el Reino de Mallorca conservó sus instituciones, hasta que fueran abolidas por el Decreto de Nueva Planta. En consecuencia, su única vinculación con el resto de territorios de la Corona fue compartir el mismo rey y la asistencia las Cortes Generales.

Bibliografía:
Mas i Forners A.: Historia de Mallorca

Continuara con: La ciudad en el siglo XVI a XVIII

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